A los maestros con cariño

Hace unos días, una amiga nos contó sobre sus hijos y las clases en línea, y el desafío para todos sobre cómo lidiar con esta nueva herramienta. Pero lo que más me llamó la atención fue cuando dijo que enseñó a sus hijos a respetar a los maestros desde el primer día de escuela, que debemos honrarlos porque todas las demás profesiones dependían de ellos para recibir el aprendizaje necesario para el mundo. Este discurso me conmovió profundamente, resurgieron los recuerdos y las imágenes de cada maestro ganaron movimiento en la línea de tiempo en un marco de imagen.

Ser maestro está más allá del aula y los certificados. Te conviertes en alguien que eligió compartir todo lo que recibiste de la vida de tus padres y antepasados. La escuela fue un complemento para adquirir la técnica a practicar. Estar abierto de corazón y alma para entregarse a quienes están dispuestos a recibir sus letras coloridas, paciencia, alta capacidad de dedicación durante horas al día, un viaje incansable entre la mente y el corazón. El maestro nunca fue padre ni madre. Es un maestro que enseña a escribir y leer el mapa del camino a trazar. Se crea una asociación armoniosa entre la familia y quienes profesan las letras, ya que una vez maestro, ya tiene un lugar especial en la mesa de la casa. Nunca fue trabajo del maestro resolver casos familiares. Lo máximo que puede hacer es celebrar el Día de la Madre, el Día del Padre, el Día de los Abuelos, el Día de la Familia y el Día de la Amistad. Ningún maestro es sustituible. Cada uno con su preciosidad de ser el maestro que es, porque aceptaron el Llamado de sus Corazones, cumpliendo el propósito pretendido con total maestría.

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Que seamos conscientes y valoremos a todos los profesores en el camino. La mirada, el respeto, la gratitud depende de cada uno con lo que se permitió recibir de ellos, porque para leer y desvelar los carteles en las prisas de los días era necesario que estuvieran presentes. ¡Es un honor!

¡Muchas gracias, maestros!