Alter ego: ¿que es y por que es bueno tener uno?

Alter ego: ¿que es y por que es bueno tener uno?

El primero en utilizar la expresión «alter ego» fue Franz Mesmer cuando descubrió que algunas personas cambiaban radicalmente de personalidad bajo un estado de hipnosis. Llamó a las facetas emergidas «otro yo», o alter ego.

Cada uno de nosotros tiene múltiples facetas de nuestra personalidad y ser, pero cultivamos y desarrollamos solo una parte de ellas. La expresión alter ego se refiere precisamente a las facetas ocultas, que no aparecen, pero que viven dentro de nosotros.. Algunos piensan que es una buena idea sacar a relucir tu alter ego para experimentar y conocerte más profundamente. ¿Eso es?

Literalmente, el ego es el yo y el alter ego es otro yo. Somos conscientes del primero: es lo que llamamos personalidad, esos rasgos que nos definen y diferencian. El alter ego, por otro lado, vive en nuestro inconsciente. Es el villano, el héroe o el artista dormido en nosotros. Otra identidad que, por muchas razones, no se ha desarrollado del todo.

Por ejemplo, de niños nos fascinaban los animales, pero es posible que con los años esta pasión se haya desvanecido y que, al final, acabemos trabajando en una gran empresa en lugar de convertirnos en veterinarios o biólogos marinos. Sin embargo, ahí abajo, ese biólogo curioso todavía existe. Quizás no le prestamos atención, pero está ahí. En este ejemplo, el biólogo marino sería nuestro alter ego.

«El ego no es dueño en su propia casa».

-Sigmund Freud-

Los múltiples significados del alter ego

El primero en definir este concepto fue Franz Mesmer, un médico del siglo XVIII que utilizó la hipnosis para sus tratamientos. Mesmer descubrió que algunas personas mostraban caras extrañas de sí mismas durante el trance hipnótico, como si no fueran ellas sino otras. El médico llamó a este yo un alter ego.

El doble encuentra amplia manifestación en el mundo de las artes, especialmente en la literatura. Muchos escritores hacen de su alter ego el protagonista de sus historias, dando vida a personajes aparentemente muy diferentes a ellos mismos. En realidad, son parte de ellos, porque es imposible crear algo completamente ajeno a ellos.

A veces, incluso los personajes de las historias tienen un alter ego. Es un amigo, un consejero o un colega que contrasta con su forma de ser y actuar. El protagonista, por ejemplo, es muy exuberante, pero tiene a alguien a su lado que constantemente lo devuelve a la cordura o lo ayuda a salir de los problemas en los que se mete.

En el teatro, los actores usan el alter ego para construir personajes diferentes de ellos mismos.. En los cómics de superhéroes, entonces, es una constante. Piense en Clark Kent, el reportero tímido y reservado que en realidad es Superman. Quizás entonces realmente valga la pena explorar tu alter ego.

Construyendo un alter ego

Es un recurso que, según el caso, se utiliza con fines terapéuticos. El otro yo, de hecho, es capaz de hacer cosas que yo no haría: podría convertirse en biólogo, como en el ejemplo al principio de este artículo. Si dejamos salir al científico que se esconde dentro de nosotros, quizás sentiríamos una mayor realización personal y profesional.

Según esta perspectiva, a menudo construimos un alter ego para superar los límites impuestos por nuestro ego. Por ejemplo, una persona materialista puede fingir ser generosa en ciertos momentos y experimentar de primera mano lo que se siente al dar.

O alguien muy reservado podría inventar un alter ego para exponerse a situaciones sociales en diferentes condiciones. Ese otro yo, un personaje creado especialmente, puede tener su propio nombre, su propia historia. Es un juego de imaginación que puede ser psicológicamente saludable.

Riesgos y beneficios

El alter ego puede ser peligroso en el caso del trastorno de identidad disociativo, más conocido como «personalidad múltiple». En esta patología, el otro yo, o los otros yoes, se construyen inconscientemente y con fines malsanos.

Cuando se construye conscientemente y con propósitos encomiables, puede convertirse en un recurso excelente para crecer, mejorar y vivir mejor. La identidad a veces se vuelve limitante, porque generalmente solo corresponde a una parte de nosotros en lugar de como un todo.

Es importante comprender que la identidad individual es un concepto dinámico y flexible. Por supuesto, todos tenemos rasgos que se vuelven dominantes, pero eso no significa que nuestra persona se reduzca a eso o que no podamos explorar otras áreas de nuestro ser, que son igualmente útiles e interesantes.

Morín, E. (1996). El otro, yo y yo, otro. Revista Complejidad, (2).