¿Ayudamos por empatía o por ansiedad?

¿Ayudamos por empatía o por ansiedad?

Ver a otros en problemas nos causa angustia, ayudarlos a aliviarlos. Siendo este el caso, ¿podemos realmente hablar de solidaridad? Averigüemos qué dice la ciencia al respecto.

Cuando ayudamos a un familiar, amigo o extraño que encontramos en la calle, nos sentimos desinteresados y bueno. Correr en ayuda de una persona necesitada nos hace sentir mejores personas, con valores y alta moralidad. Por el contrario, si negamos nuestra ayuda nos sentimos egoístas, y consideramos egoístas a aquellos que se niegan a ofrecer ayuda a los demás. ¿Y si este comportamiento no fuera completamente desinteresado?

¿Has pensado alguna vez en las motivaciones que hay detrás de la voluntad de ayudar, de ser generoso con los demás? ¿Estás seguro de que la comprensión y la empatía siempre nos impulsan?

¿Y si el deseo de contribuir al bienestar de los demás no estuviera motivado por la solidaridad? Algunas investigaciones han explorado este campo y han llegado a una conclusión interesante.

¿Ayudamos por empatía o por ansiedad?

Los comportamientos prosociales implementados por el ser humano han sido objeto de estudio e investigación durante décadas. ¿Por qué ayudamos? ¿Nacemos con esta predisposición o es un comportamiento aprendido? Estas y otras cuestiones siguen siendo motivo de debate.

Se ha demostrado que ver a alguien con dolor activa las mismas redes neuronales que están involucradas cuando experimentamos el dolor de primera mano. De alguna manera, podemos hacer nuestro el dolor de los demás.

Pero, ¿qué sentimos exactamente en estas situaciones? La hipótesis más confirmada parece ser aquella según la cual, frente a una persona necesitada, podemos reaccionar de dos maneras:

  • Sentimos angustia, dolor, preocupación o miedo por su situación.
  • Sentimos compasión, comprensión: estamos sinceramente conmovidos.

El que una gama de emociones o la otra se despierte en nosotros depende de diferentes factores. Primero, desde la situación concreta de sufrimiento en la que se encuentra el otro, y luego desde nuestra disposición personal.

Ante un mismo evento, dos personas pueden tener reacciones diferentes. Y la misma persona puede reaccionar de manera diferente a dos situaciones distintas.

¿Qué nos motiva?

Tanto si nos despierta la angustia como la compasión, es probable que en ambos casos ayudemos a los que necesitan ayuda. Pero las razones en los dos casos serán muy diferentes.

Cuando nos sentimos alarmados, lamentamos o nos preocupamos, nuestro modelo de acción es, por tanto, egoísta. Ayudamos al otro a calmar el malestar que sentimos al verlo en dificultad. En reversa, si nos sentimos conmovidos, actuaremos impulsados ​​por una motivación verdaderamente altruista, destinado a reducir el sufrimiento de los demás y no el nuestro.

Esta realidad ha surgido en algunas investigaciones que involucran a grupos de estudiantes universitarios. Se ha demostrado que el modelo de ayuda que se activa depende de la emoción que se siente. Quienes sintieron angustia actuaron impulsados ​​por la motivación para reducirla; aquellos que sentían compasión buscaban satisfacer las necesidades del otro.

No podemos elegir qué tipo de respuesta se activará en nosotros. Por tanto, es injusto decir que uno de los dos grupos está dotado de valores morales más elevados que el otro. Además, un hecho interesante surgió en uno de los experimentos.

Cuando ayudar implicaba un alto sacrificio personal, aquellos que tendían a sentir empatía mostraban un modelo a seguir egoísta. Aparentemente, un sacrificio personal anula el impulso altruista inicial.

¿Somos seres solidarios?

Estos hallazgos se suman a la eterna pregunta: ¿Hasta qué punto los seres humanos son solidarios, desinteresados ​​y generosos? Ya sabíamos que, en muchas ocasiones, ayudar a los demás nos hace sentir gratos. Pero ahora sabemos que también actuamos para contrarrestar nuestro malestar.

Desde el momento en que nuestras emociones entran en juego tanto, ¿podemos realmente decir que lo que nos impulsa a actuar es la preocupación por el otro? Cualquiera que sea la respuesta o motivación latente, los comportamientos prosociales son útiles. Ayudan a quienes las reciben y, aparentemente, también a quienes las realizan. Es importante seguir impulsándolos para una mejor convivencia social.

  • Batson, CD, O’Quin, K., Fultz, J., Vanderplas, M. e Isen, AM (1983). Influencia de la angustia autoinformada y la empatía en la motivación egoísta versus la motivación altruista para ayudar. Revista de personalidad y psicología social, 45(3), 706.
  • Batson, CD, Fultz, J. y Schoenrade, PA (1987). Angustia y empatía: dos emociones indirectas cualitativamente distintas con diferentes consecuencias motivacionales. Diario de personalidad, 55(1), 19-39.