Comida curativa

nortela semana pasada fui a servir en un retiro de meditación Vipassana. Vipassana es una técnica de meditación descubierta por el Buda, cuando se dio cuenta de que para deshacerse del sufrimiento no era suficiente alcanzar el mayor grado de concentración, sino también deshacerse de los apegos y aversiones. Este trabajo se realiza a través del marco del cuerpo, el momento presente, las sensaciones y la respiración, tal cual es.

Para aprender a medita Vipassana, debes participar en un curso de diez días, impartido por el maestro SN Goenka. Hay centros en todo el mundo y los cursos se realizan todos los meses.


Novicios monje meditación vipassana en tailandia, birmania.

En los cursos, además de meditar muchas horas al día, debemos observar unas reglas, que son para ayudar a lograr un grado de concentración y pureza mental necesarios para el trabajo. Siempre se respeta el silencio, además de las reglas de la moral, como no matar animales en el interior y segregar hombres de mujeres. La intención es vivir como un monje durante estos diez días, donde tienes la oportunidad de mantener tu mente pura.

Un monje no compra comida, suplica. Acepta lo que te dan las personas y da gracias. Según la experiencia del máster, cobrar dinero a los estudiantes por los cursos no funciona, ya que esto acaba generando apego, expectativas y la gente no acepta la comida ofrecida, entre otras cosas. Así que no se cobra nada por los cursos. Al finalizar el curso, como forma de agradecer y demostrar tu compasión, tu deseo de que más personas se beneficien de las enseñanzas, puedes donar dinero para comprar alimentos y mejoras para los próximos alumnos que vendrán al centro o también puedes donar tu tiempo. sirviendo en un curso, trabajando en la cocina. Además, servir fortalece tu práctica de meditación y tenemos la oportunidad de estudiar la técnica.

Esta fue la experiencia que tuve, sirviendo en un curso de diez días, trabajando con 12 servidores y meditadores más, servimos comidas todos los días para 100 hombres y mujeres. Todo el tiempo prestando mucha atención a la palabra noble, respetando las reglas del centro y fortaleciendo la práctica de la meditación y la comprensión de la técnica en el día a día. ¡Y trabajamos duro!

Fue en ese momento que tuve la oportunidad de demostrar, una vez más, lo mágica que es la comida.

A lo largo del curso pudimos participar en las sesiones de preguntas que los alumnos le hacían abiertamente al profesor asistente y nos dimos cuenta de sus aflicciones y dificultades. Y como ya habíamos hecho el curso, sabíamos que no es fácil. Luego cocinaba y preparaba los postres (mi tarea era esta) siempre pensando que esa ración no solo sería algo dulce y sabroso, sino bañada de cariño y fuerza para que todos pudieran seguir con determinación y paciencia en el curso.

Y pronto me di cuenta de cómo el trabajo se volvió menos agotador y más inspirador. Al final se dio la prueba, ya que recibimos muchas bonificaciones por todo lo que cocinamos, aunque nadie es un profesional de la cocina y no ha preparado comidas para tantas personas al mismo tiempo. Aprendimos cómo los frijoles guardaron el ánimo de uno, cómo el postre de ese día sorprendió a otro, cómo las ensaladas germinadas alegraron a todos.

Y sabía, con toda certeza, que el ingrediente principal que debemos poner en la comida es solo uno. Y conviene colocarlo en abundancia: el amor. De esa forma, no hay mala comida.

¡Sadhu!