Confiar en los demás, ¿qué nos impulsa a hacerlo?

Confiar en los demás, ¿qué nos impulsa a hacerlo?

Confiar significa darle al otro la oportunidad de lastimar o decepcionar, pero también de ayudar y apoyar. ¿Cuáles son los obstáculos y motivaciones más comunes para este acto de fe?

Si nos fijamos en cuántas personas tienen dificultades reales para confiar en los demás, fácilmente nos damos cuenta de que este es un gesto que implica cierto riesgo. Significa renunciar a la seguridad, correr el riesgo de ser traicionado por aquellos que pueden herir profundamente. Por lo tanto, ¿Qué nos hace confiar en los demás? ¿Qué nos lleva a dar este pequeño salto de fe?

Las diferencias individuales son importantes a este respecto. Algunos de nosotros confiamos inmediatamente, otros necesitan tiempo y una larga serie de pruebas antes de confiar. Hay quienes esperan lo mejor de los demás, otros serán traicionados. ¿Pero es solo una cuestión de personalidad?

¿Qué nos hace confiar en los demás?

Nuestra naturaleza social

Somos seres sociales y, como tales, necesitamos interacción. Establecer relaciones significativas con los demás es bueno para su salud y es una necesidad primordial. Socializar también es gratificante y afecta positivamente nuestra autoestima y bienestar.

Cuando nos encontramos forjando un vínculo para acceder a un nivel más íntimo, la confianza en el otro es un ingrediente fundamental. No sería posible mantener ningún tipo de relación sin un mínimo de confianza. Nuestra naturaleza social es, por tanto, una de las principales razones por las que confiamos.

Comportamientos adquiridos

Por otra parte, la capacidad de confiar en los demás se aprende en gran medida. Está condicionado por nuestras vivencias en los primeros meses de vida, por la forma en que las personas de nuestro entorno nos han enseñado a relacionarnos con los demás, en base a la relación que hemos establecido con ellos. Es decir, depende de la calidad de los primeros vínculos con las figuras de apego.

Si han satisfecho nuestras necesidades de manera adecuada y coherente, se habrá creado una base de confianza en el mundo. Por el contrario, si la atención y el cuidado han sido inconsistentes e inconsistentes, tendremos dificultades para confiar en los demás.

Más allá de eso, todas nuestras experiencias posteriores ayudan a confirmar o dar forma a esta tendencia inicial. Las relaciones con personas importantes ayudan a fortalecer o socavar nuestra confianza.

El tiempo nos hace confiar en los demás

El tiempo es sin duda uno de los factores que más influyen en la confianza que depositamos en los demás. No podemos confiar plenamente en una persona recién conocida, ya que aún no conocemos sus valores y actitudes. Con el tiempo podremos verificar qué tipo de persona es y cómo se comporta; en base a esto, aumentaremos nuestro grado de confianza.

Esto también ocurre en relaciones sin un componente emocional. Pensemos, por ejemplo, en entrar en un nuevo entorno laboral. La actitud más lógica y predecible de los colegas será una menor confianza que aumentará a medida que demostremos nuestras habilidades y se nos asignen más responsabilidades.

Del mismo modo, encontraremos que las personas referidas en quienes más confiamos son aquellos con los que hemos hecho un largo camino. Durante algún tiempo han demostrado ser equilibrados y han contribuido a la continuidad de la relación.

La reputación

Finalmente, siempre recordamos que nuestras acciones nos preceden. La reputación puede ser esencial para decidir si confiar o no en alguien. Cuando nos enfrentamos a una persona desconocida, su reputación (lo que hayamos oído de ella) nos predispondrá a ser más abiertos o cautelosos.

Con el tiempo, esta información perderá valor en comparación con la calidad de las experiencias con esta persona. La confianza se gana a través de acciones y es el comportamiento de los demás lo que nos anima a considerarlo no digno de nuestra estima.

¿Se puede cambiar nuestra tendencia a confiar en los demás?

En resumen, ¿qué te impulsa a confiar en los demás? La confianza depende tanto de quién la da como de quién la recibe. Sin duda, la mayoría de nosotros necesitamos conocernos, algunos más, otros menos, antes de poder confiar. Sin embargo, hay muchas personas que ya no pueden formar vínculos importantes debido a una decepción pasada.

Si este es su caso y la situación le duele, puede considerar la ayuda de un especialista. Con una buena evaluación y un plan de intervención adecuado, te ayudará a encontrar una dinámica de intercambio basada en la confianza y la intimidad que puede hacerte sentir mejor.

  • Luhmann, N. (2005). Confianza (Vol. 23). Editorial Anthropos.
  • Gallardo, R. Y., Figueroa, L. A., & Solar, F. C. (2006). Confianza y desconfianza: dos factores necesarios para el desarrollo de la confianza social. Universidad de psicologica, 5(1), 9-20.