Desconexión moral y perdón a uno mismo

Desconexión moral y perdón a uno mismo

Perdonarse a sí mismo es de suma importancia si se ha portado mal y desea recuperar la paz interior. Para seguir adelante, no hay otra forma que responsabilizarse de los hechos cometidos y reparar, en la medida de lo posible, el daño causado a otros.

Perdonarse a sí mismo puede ser un proceso complejo. Es muy importante tanto para la vida personal de cada uno de nosotros como para nuestras interacciones sociales. Esto es especialmente cierto en situaciones muy conflictivas, por ejemplo, una guerra. A veces, sin embargo, el perdón a uno mismo se dificulta debido a un mecanismo conocido como desconexión moral.

No perdonarse a uno mismo conduce a un bloqueo de la vida emocional y del potencial de uno. Como se anticipó, el perdón es posible gracias a un mecanismo conocido como desconexión moral.

La desconexión moral funciona como una especie de velo para nuestra conciencia: la persona ve lo que antes se le negó como legal. Es una forma de autoengaño que por un lado abre la puerta a las atrocidades, en mayor o menor medida, y por otro impide el perdón a uno mismo.

«El perdón dice tanto sobre el carácter de la persona que lo otorga como sobre la persona que lo recibe».

-Justin Cronin-

La desconexión moral

No se nace con una moral y una ética predefinidas. Estos conceptos se construyen y desarrollan de acuerdo con la sociedad en la que se vive y la cultura que la caracteriza. De esta forma adquirimos los principios y pautas que nos permiten reaccionar ante situaciones tomando como ejemplo algunos valores derivados de la experiencia. La función de estos valores es preservar el bienestar individual y colectivo.

A pesar de esto, ni la escala de valores ni los principios son permanentes. En determinadas circunstancias, de hecho, se suspenden y se anulan. Durante una guerra, por ejemplo, está permitido quitar la vida a otro ser humano, aunque no está permitido en tiempos de paz.

Esta fase de suspensión de principios y valores reconocidos deja espacio para la desconexión moral. Volvamos al ejemplo de la guerra. Durante un conflicto bélico, matar o engañar al enemigo no es un comportamiento reprobable, porque en estas circunstancias tales acciones no están asociadas con la moral o la ética anterior al conflicto.

Los mecanismos de la desconexión moral

Los estudios realizados al respecto indican que la desconexión moral se produce de cuatro formas. Todo el mundo cambia de perspectiva y justifica comportamientos que de otro modo no serían tolerados. Los cuatro mecanismos de desconexión moral son:

  • Distribución de responsabilidades. Ocurre cuando se realiza un acto moralmente reprobable con el apoyo del grupo. Dado que todos los miembros del grupo actúan de la misma manera, de alguna manera la responsabilidad individual disminuye.
  • Transferencia de responsabilidades. Ocurre cuando atribuye la responsabilidad de sus acciones a otra persona. Por ejemplo, al obedecer una orden, al hacer lo que otra persona debe hacer o para evitar el castigo.
  • Minimización de consecuencias. Ocurre cuando el daño causado a otra persona se minimiza con el objetivo de hacer lícito un comportamiento que no lo es.
  • Degradación de la víctima. Se refiere a aquellos casos en los que el daño se justifica por la supuesta falta de dignidad de la persona contra la que se ejerce una acción inmoral.

Perdón a uno mismo

¿Cuál es la relación entre la desconexión moral y el perdón a uno mismo? En principio, es imposible perdonarse a uno mismo algo que no se reconoce como un error moral. Para perdonarse a sí mismos, primero deben dejar de operar esos mecanismos de justificación o minimización característicos de la desconexión moral. Si no es así, el perdón a uno mismo es imposible.

En algún momento, el agresor debe volver a ese terreno moral en el que predominan la razón y la justicia. Esto es lo que sucede después de una guerra. Cuando esto sucede, hay una especie de vacío interior.

Un vacío que se puede llenar de diferentes formas. Por ejemplo, negar los hechos, ocultar haber participado en ellos o adoptar una posición cínica. También puede suceder que el remordimiento se apodere de la persona y que sea castigada por ello.

Perdónate por seguir adelante

Hay situaciones en las que la desconexión moral no puede funcionar. En estos casos, lo mejor que se puede hacer es crear las condiciones para el perdón a uno mismo, seguido de una reparación razonable del daño.

Si esto no sucede, la persona se convierte en un impostor o se paraliza por la culpa. En ambos casos, la situación no se resuelve, sino que la realidad se distorsiona hasta el punto de encontrarse frente a una encrucijada emocionalmente muy significativa.

El perdón a uno mismo comienza cuando admite sus responsabilidades y errores sin poner excusas. Posteriormente, en la medida de lo posible, el daño causado debe ser reparado material o simbólicamente. Pedir perdón a la persona en cuestión es esencial para la curación; sólo así podremos hacer las paces con el pasado y seguir adelante.

Prieto-Ursúa, M., & Echegoyen, I. (2015). ¿Perdón a uno mismo, autoaceptación o restauración intrapersonal? Cuestiones abiertas en Psicología del perdón. Papeles del psicólogo, 36(3), 230-237.