Donde esta el sol

Dentro de los ojos hay un río. Manso la mayoría de las veces, corre suelto y tranquilo, llevando sus aguas muy cerca del alma, donde cobra cobijo y se multiplica.

El río permanece así, deslumbrante, trayendo humedad a los deseos, haciendo brillar la preciosidad de la vida interior del ser.

Pero a veces lo toma por sorpresa y se convierte en olas pesadas y oscuras. Esto sucede cuando el viento de los sentimientos se rebela y se pierde en medio de las cuevas de las emociones, en la oscuridad del miedo y en la intensidad de los deseos.

En estas situaciones, el río se desborda y se va en forma de lágrimas en los ojos y ya no se encuentra represado. El impulso de liberarse es tal que puede mover la estructura de su cuerpo, pierde el aliento, se le rompe el corazón, se le hinchan los ojos y le tiemblan las manos. El río se convierte en un mar infinito, en el que el dolor se mezcla en las aguas y las convierte en niebla fría … Entonces la visión se vuelve borrosa, ya no se ve nada frente a ti … La visión se vuelve hacia adentro y luego ocurre la tormenta, tsunami, desesperación y el deseo de escapar de ti mismo.

Pero no hay ruta de escape. El camino del río-mar es uno: el alma. Y el alma se inunda. Todo se llenó con las aguas sucias de la tormenta, las inundaciones descienden con fuerza, llevándose todo sin previo aviso. Toma certezas, toma promesas, toma recuerdos, toma calma, toma memoria, toma emoción, toma placer que impulsa la vida …

Son horas de mucho dolor. El dolor de la violenta ola del río-mar que decidió llegar un domingo por la mañana.

El misterio de toda esta tormenta es que no se ve desde fuera … solo desde dentro.

Donde esta el sol ¿Dónde está el sol para ayudar a secarlo todo aquí?

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Estoy sentado en el borde de una roca … Un escondite temporal … Intento permanecer lúcido hasta que salga el sol. Llegará color chocolate … Llegará algún día … Necesito estar firme aquí para no ser sorprendido y sucumbir a la fuerza del río-mar. Por eso lloro … por eso dejo que se escurra gota a gota hasta que este dolor se seque … no hay rescate externo, porque a nadie le importa. De hecho, no existe nadie más que el río-mar y el abismo … y el Sol, que insiste en llegar tarde …

por lo tanto, abro las compuertas y la dejo vaciar, vaciar, vaciar … hasta que el vacío toma el control … hasta que el silencio se hace presente y el sonido del suave río finalmente vuelve …