El mejor lado

Curiosamente, tendemos a ser negativos, no me preguntes por qué. Quizás sea inherente a nuestra naturaleza como aprendiz espiritual, o debido a la influencia del entorno en el que vivimos.

Digamos que una mujer mata a su marido y arroja el cuerpo al río; la otra cara, lo bueno, es que en ese momento muchas vidas fueron salvadas por médicos, bomberos y rescatistas. Lo peor serán noticias durante meses, en el lado bueno no se divulga nada. El lado malo es ruidoso, el lado bueno es tranquilo.

Dejando estas consideraciones, buscando ejemplos, veremos que todo tiene dos lados: el torbellino azota, pero renueva el aire; la inundación mueve tierra, trae mal olor, sin embargo lleva el fertilizante a las verduras. Hay personas que no pueden realizar determinadas tareas y son valiosas en otras.

No continuaremos con más ejemplos. Todo tiene dos caras: la buena y la mala, o si lo prefieres, la mejor y la peor. Me gusta este último.

Hoy en día nos bombardean conceptos de todo tipo, ya sean económicos, religiosos, políticos, sociales y otros. Vivimos en un entorno cada vez más hostil y desafiante, en el que todo está patas arriba, volátil, complejo, incierto. Nos acostumbramos, nos adaptamos al proceso, concluyendo que está muy bien; tal como lo hacen nuestros compañeros terrenales.

Atrapados en el torbellino de las inconstancias resultantes de esta adaptación, no nos damos cuenta de que hay una inversión de valores, donde el bien parece ser el mal, el mal enmascara el bien y levantamos nuestro escudo, esculpido por estos parámetros, para defendernos de lo que es contrario a los preceptos así adoctrinados.

En esta adaptación nos alejamos de lo mejor, adoptando lo peor. A medida que recibamos los efectos de nuestras elecciones, no tendremos un buen retorno y ciertamente nos encontraremos culpables sin darnos cuenta de que no estuvimos atentos.

Sufrimos sin saber por qué sufrimos.

¿Es fácil romper con este modelo? No, no es. Participamos de la no-razón y no nos aceptamos diferentes de lo que somos, de hecho, como ya se explicó, el escudo nos impide corregirnos, no podemos vernos de otra manera.

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El primer paso es cambiar la forma en que miramos nuestro entorno, dejar el capullo, desprendernos de las trabas conceptuales que limitan nuestra agencia, adquirir la libertad mental que nos permite ser sensibles. Esta es la magia que nos da el poder de ver el verdadero rostro de la bondad, de elegir el mejor lado de situaciones, eventos, personas, cosas, en las que nos detendremos para lograr una vida feliz, porque la devolución siempre será bueno, y recolectaremos el tesoro de la ascensión espiritual, una riqueza que nunca nos será quitada.

Sé feliz en el mejor lado.