El sueco Hannibal Lecter es Thomas Quick

El sueco Hannibal Lecter es Thomas Quick

Thomas Quick ha sido comparado con Hannibal Lecter luego de su confesión de los crímenes caníbales cometidos. El aspecto más oscuro de su historia radica precisamente en sus desarrollos.

La realidad supera a la ficción con más frecuencia de lo que uno imagina. Hay historias que sorprenden y fascinan. Por alguna razón, el ser humano tiene una atracción particular por las historias sobre asesinos en serie capaces de las peores atrocidades. Se sabe que Thomas Quick fue un asesino que practicaba el canibalismo, y por esto fue apodado el sueco Hannibal Lecter.

Sin embargo, su historia esconde misterios e intrigas aún más enigmáticas que los crímenes que se confesó a sí mismos. Hablamos de ello en este artículo.

Thomas Quick, los orígenes

La historia de Thomas Quick se puede dividir en tres momentos. En el primero su nombre era Sture Ragnar Berwall, un hombre nacido en Suecia dentro de una familia fuertemente religiosa con valores incorruptibles. Era el año 1950.

Bergwall se convirtió entonces en la oveja negra de la familia: era homosexual, absolutamente inaceptable para sus padres, porque contrastaba con sus valores religiosos. No lo consideraron simplemente un pecado, sino un crimen. Por eso, el hijo creció bajo el estandarte de la represión de sus tendencias sexuales.

La culpa de quienes nos engañan no radica en el engaño en sí, sino en el hecho de que no nos dejan soñar que nunca seremos engañados.

-Victor Ruiz Iriarte-

De adolescente comenzó a beber alcohol y consumir drogas. Sumado a esto, comenzó a molestar a los niños y a los 19 incluso se vio involucrado en un caso de agresión sexual. Tenía una necesidad constante de atención, porque de alguna manera sentía que era invisible para la familia.

Acciones descaradas

A la edad de 41 años, en 1991, Sture Ragnar Bergwall irrumpió en un banco, disfrazado de Santa Claus, con la intención de realizar un atraco. Solo tenía un cuchillo con él, pero realmente quería tener ese dinero para comprar drogas. El asalto fue en vano y fue frustrado por la policía, que lo arrestó.

Durante la investigación, el hombre involucró al que entonces era su mejor amigo, quien fue detenido. Como resultado, todos sus conocidos le dieron la espalda y Bergwall quedó prácticamente solo en el mundo. Solicitó ser trasladado a una prisión psiquiátrica, que fue aceptado.

¿Porque? Al parecer, llegó a la conclusión de que allí sería más fácil conseguir medicamentos psiquiátricos similares a los que usa normalmente. En el centro psiquiátrico entró en contacto con un grupo de profesionales liderado por Margit Norell, una famosa psicoterapeuta que estudiaba mentes criminales.

Thomas Quick, un nuevo personaje

Cuando Bergwall fue internado en la clínica psiquiátrica, comenzó a escribir la segunda parte de su historia. De momento a momento empezó a hablar de los crímenes cometidos y que, al parecer, no pudo recordar hasta su ingreso en la clínica y el inicio de la psicoterapia.

Admitió que había cometido su primer asesinato a los 14 años y que la víctima había sido un joven llamado Thomas Blomgren. Confesó que se llamaba Thomas desde entonces, en honor a la persona a la que había violado y asesinado. Más tarde, comenzó a usar el apellido de su madre, pasando a ser conocido como Thomas Quick.

Terminó confesando un total de 38 asesinatos, muchos caracterizados por abusos, desgarros, mutilaciones y actos de canibalismo. Los psiquiatras estaban aterrorizados y fascinados por la historia de Thomas Quick, el prototipo perfecto del asesino en serie y una gran oportunidad para avanzar en la investigación.

El sueco Hannibal Lecter

Cuando la prensa se enteró del caso, se escribieron páginas completas sobre Quick. Nadie podía creer que un ser tan malvado hubiera pasado desapercibido durante tantos años. La gente estaba aterrorizada y comenzó a llamarlo el sueco Hannibal Lecter, en memoria del personaje de la película. El silencio de los corderos.

Thomas Quick siguió dando detalles y detalles sobre sus crímenes. La policía estuvo involucrada en el caso y el hombre cooperó señalando los lugares donde había enterrado a sus víctimas, pero los agentes no encontraron nada. Se llegó a pensar que todo era el resultado de sus trastornos mentales.

Durante el juicio, Thomas Quick habló de una mujer asesinada en 1988. Admitió que le fracturó el cráneo con una piedra y señaló la escena del crimen. Cuando la policía fue allí, encontraron restos de huesos. Finalmente tuvieron una prueba. Finalmente fue condenado por este y otros siete delitos.

Un final inesperado para el sueco Hannibal Lecter

La tercera parte de esta historia es la más interesante y sorprendente. Todo comenzó cuando los periodistas Hannes Rastam y Jenny Kuttim comenzaron a investigar el caso. Algunas piezas del rompecabezas se habían colocado en su lugar, otras parecían no encajar perfectamente con las confesiones de Quick.

Además, los padres de una de las víctimas negaron la versión de que Thomas Quick mató a su hijo, ya que habían visto a otro sospechoso tiempo atrás. En otros casos había sucedido lo mismo: faltaban piezas y nada parecía tener sentido.

Los reporteros habían examinado el caso con gran detalle al final. llegaron a la conclusión de que no había ni una sola prueba que acusara a Quick. Los famosos restos de huesos humanos no eran más que un trozo de madera y plástico.

Los detectives visitaron a Thomas Quick en varias ocasiones y, ante la insistencia, el hombre confesó que lo había inventado todo. Había engañado a los psiquiatras y a la policía para llamar la atención, para aprovecharla, e incluso drogas psicotrópicas. Es uno de los errores judiciales más graves de Suecia, que finalmente llevó a la liberación de Quick.

Un estuche todavía hecho de claroscuro y que, por supuesto, ha vuelto a la pantalla grande. Incluso hoy en día nos preguntamos cómo una persona puede culparse a sí misma por crímenes tan atroces para ganar visibilidad.

Oiharbide, M. H., Lasa, N. B., & Manterola, A. G. THOMAS QUICK: CASO DE CONSTRUCCIÓN DE UN ASESINO EN SERIE.