¡Joven!

¿Por qué nuestros niños y adolescentes se vuelven ansiosos, deprimidos y agresivos? Podemos observar en nuestra sociedad una observación casi unánime: los niños y adolescentes están desarrollando enfermedades que antes eran poco frecuentes en este grupo de edad. Ansiedad, depresión, automutilación, ideación suicida, intento de suicidio, suicidio, consumo de drogas legales e ilegales; ahora son comunes entre niños y adolescentes de todos los ámbitos de la vida.

La depresión es la segunda causa principal de muerte entre los jóvenes en todo el mundo. Brasil es el país con mayor número de personas ansiosas y consumo de psicofármacos del mundo, y el primero en depresión en América Latina, según datos de 2019 de la Organización Mundial de la Salud, OMS.

Es fundamental e imprescindible observar el contexto que vivimos hoy. ¿Qué hace que un niño o adolescente se sienta ansioso o deprimido? ¿Qué factores influyen o facilitan la aparición y el desarrollo de estas condiciones emocionales y psicológicas? Y lo más importante y relevante: ¿cómo podemos ayudar?

¿Niños, adolescentes o nuestros chivos expiatorios?

También es necesario hacer una reflexión para entender cuánto también somos responsables de este cambio. Entonces, cuánto también podemos modificarlo.

Hay muchos factores a considerar:

• El individuo: cada uno tiene sus propias características genéticas y de personalidad, que pueden actuar como desencadenantes o inhibidores de condiciones psicológicas y emocionales adversas.

Familia o grupo de cuidadores. Cada familia, independientemente de su constitución: monoparental, adoptiva, del mismo sexo … tiene sus creencias, valores, reglas o ausencia de estos factores. Incluso si el niño está institucionalizado (albergues) o permanece en la calle, tiene una forma de percibir y sentir cómo se lo cuida o se vuelve invisible para la sociedad.

• Características generacionales: el estudio y concepto de generaciones siempre ha existido en sociología, antropología, medicina y psicología, pero solo ahora este término está ganando protagonismo y la debida importancia para comprender el comportamiento humano. Este factor es preponderante para que entendamos cómo relacionarnos, consumir, trabajar, descansar, necesidades económicas, cómo vivir el ocio, concepciones familiares, afectividad …

• Y por último y no menos importante, tenemos que considerar los contextos: histórico, social, económico, cultural, ambiental, político de cada nación y del mundo.

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Todos estos factores influyen en nuestros niños y jóvenes. Por lo tanto, si una sociedad se enferma, es probable que sus jóvenes reflejen esta condición. Antes de responsabilizar a los jóvenes como protagonistas de estas distorsiones, necesitamos hacer un ejercicio de reflexión y encontrarnos como comunidad. Son nuestros espejos, por lo que nos muestran dónde nos estamos desviando del camino.