Las dificultades no siempre nos hacen más resistentes

Las dificultades no siempre nos hacen más resistentes

No todos los que pasan por un momento difícil salen más fuertes, más sabios o más capaces. Muchos quedan atrapados en la tormenta, porque la resiliencia no aparece automáticamente, hay que saber desarrollarla.

Las dificultades no siempre nos hacen personas más resilientes. De hecho, hoy en día el término «resiliencia» está envuelto en un aura excesivamente brillante e incluso lejos de la realidad. No todo el que atraviesa un período difícil lleno de obstáculos puede poner en práctica esta extraordinaria habilidad. A veces los días duros nos hunden y es normal que suceda.

Vivimos en una era de transformación en todos los campos. Quizás por eso enfoques como el positivismo ya no nos son tan útiles como antes. Así, el clásico «mirar siempre el lado bueno de la vida» que se canta en la película Brian de Nazaret ya no tiene el mismo impacto que antes.

Hoy nos vemos obligados a afrontar las dificultades y peligros que se nos presentan. No podemos mirar hacia otro lado, no basta con decirnos que «todo irá bien y que de este periodo saldremos más fuertes».

Ha llegado el momento de dar espacio a otras posibilidades, de aprender a metabolizar las dificultades, las emociones negativas y ese lado menos agradable de la vida.

La resiliencia existe, pero no funciona como un piloto automático. No se activa por sí solo y no siempre lo hace cuando lo necesitamos. Por esta razón, necesitamos comprender cómo funciona realmente esta valiosa habilidad psicológica.

Las dificultades no siempre nos hacen más resistentes, pero podemos aprender a ser

Nos hemos acostumbrado a categorizar las experiencias (así como las emociones) en «buenas» o «malas». Esto ha hecho que muchas personas sean intolerantes con todo lo que se encuentra en la segunda categoría. Se comprende fácilmente.

Preferimos la estabilidad, la satisfacción, la armonía de esa vida cotidiana de la que obtenemos placer.; disfruta de esa normalidad en la que no hay nada fuera de lugar y en la que todo está en equilibrio.

Y sin embargo, cuando ocurre lo inesperado, la afilada hoja de los problemas y el estruendo de las dificultades en todas sus formas, nos congelamos. Nos quedamos sin aliento y sin recursos psicológicos para sobrevivir a la tormenta.

Las dificultades no siempre nos hacen más resistentes, porque no todos sabemos cómo activar esta habilidad. Además de esto, en ocasiones tenemos que afrontar momentos muy difíciles, que no todo el mundo puede superar.

Resiliencia no significa enfrentar dificultades, significa «bailar» bajo la lluvia

Muchas veces cuando hablamos de resiliencia tendemos a utilizar la metáfora del faro, para visualizar un mar agitado por violentas olas que golpean con fiereza este edificio cuya resistencia es infinita. No importa cuántos vientos y tormentas haya, ni la fuerza de mil océanos, el faro puede soportar cualquier tormenta.

Bueno, esta metáfora de la resiliencia es incorrecta. Deberíamos visualizar una escena menos heroica. Sería más correcto escuchar la enseñanza de la «boya de mar». Esto es en lo que consiste:

  • En lugar de luchar contra las olas (dificultades) hay que dejarse llevar por ellas, como hacen las boyas en el mar.
  • Es necesario poder mantenerse a flote, es decir, mantener la claridad mental y la templanza útil para superar esos días de tormenta.
  • El verdadero secreto es tener algo a lo que aferrarse (un ancla).
  • Este ancla interior también está compuesta por nuestros pensamientos y comportamientos. Son estas últimas las que nos hacen agarrarnos fuerte y nos ayudan a resistir en los días más complicados.

Superar las dificultades a veces lleva mucho tiempo

Las dificultades no siempre nos hacen más resistentes. A veces, los días difíciles son solo eso: Días complicados, que nos hacen colapsar y luego pasar, sin dejarnos ninguna enseñanza. Otras veces no es posible poner en práctica la resiliencia porque nos faltan los anclajes, los recursos para afrontar el temporal:

  • En medio de las dificultades, nos hundimos; esto es más normal de lo que pensamos.
  • Si este no fuera el caso, no habría psicólogos, psiquiatras y todos los especialistas en salud mental. No somos héroes, no somos faros que resistan todo. Somos humanos, gente que falla y que a veces cae.
  • Nada extraño en necesitar a otros Las personas con experiencia nos brindan las herramientas para lidiar con que duele.

Hay quienes ven oportunidades en cualquier situación, otros solo aspiran a sobrevivir (y aceptan todo)

Hay quienes demuestran infinitas habilidades en situaciones adversas: no solo enfrentan alguna dificultad, pero incluso los vuelve a su favor. Otros, por otro lado, simplemente permanecen en modo de supervivencia. Es decir, aguantan los vientos, manteniéndose a flote para no ir a la deriva.

Ambas situaciones son igualmente aceptables y comunes. El objetivo, en cualquier caso, es salir sano y salvo, tanto física como mentalmente. Este es el verdadero éxito y nuestro verdadero objetivo.

Habrá quienes cruzarán ese umbral con más recursos y obteniendo ganancias. Otros simplemente se sentirán aliviados de dejar atrás la niebla y comenzar una nueva fase.

Ambas circunstancias están bien. Lo importante es seguir remando, avanzar hacia un horizonte de esperanza.