Las dos naturalezas humanas: baja y alta

Los seres humanos somos muy extraños: somos múltiples y nos contradecimos. Tenemos una naturaleza superior que nos acerca a lo divino, pero también tenemos un lado inferior que nos lleva a la oscuridad.
A menudo nos frustramos mutuamente, y eso genera conflictos, desde los más tontos hasta las guerras mundiales.
Otras veces somos capaces de los gestos más sublimes capaces de crear puentes con la eternidad.
Así que en este artículo exploraremos estos dos lados antagónicos: nuestra naturaleza animalista inferior y nuestra naturaleza humana superior (hay una prueba muy bonita para que sepas «¿Cuál es tu grado de conexión con la naturaleza interior y exterior?») Esto le ayudará a ser consciente de estas características y a discernir cuál de ellas queremos privilegiar en nuestro viaje.

La naturaleza más baja

Robert Greene, en su libro «Las leyes de la naturaleza humana», explica los aspectos negativos de nuestra naturaleza que, aunque a menudo descuidados, casi siempre guían nuestra toma de decisiones.

Greene plantea 18 leyes de la naturaleza humana que nos derriban, que ejercen un magnetismo en nuestro peor lado, porque son parte de nuestra naturaleza más animal.

Según el autor, estas tendencias son más fuertes de lo que nuestra mente racional imagina, porque están presentes en nuestro subconsciente que almacena toda nuestra historia emocional desde los primeros años de la infancia. Nuestra forma de pensar y actuar está condicionada por este contenido.

Piensa en las veces que has hablado o escuchado a alguien decir que «perdió la cabeza» o que «actuó sin pensar». En esos momentos, no somos realmente conscientes y reaccionamos según el programa almacenado en el subconsciente.

Así que veamos algunas de esas características de nuestra naturaleza que nos derriban. Son ellos:

Somos más irracionales de lo que pensamos
Estamos gobernados por nuestras emociones, por lo que deseamos y lo que rechazamos.

Somos narcisistas
Todos tenemos un lado narcisista, de sentirnos superiores y mejores que los demás. Esta es la arrogancia que a menudo nos impide reconocer y valorar las bellezas de los demás.

Usamos máscaras todo el tiempo
Para actuar de una manera que no perjudique a las personas que conocemos, desempeñamos papeles para ser aceptados y tener una vida social más pacífica y agradable. Sin embargo, esto borra nuestra autenticidad y originalidad.

Estamos celosos
La envidia, como dice Leandro Karnal, no es desear lo que el otro tiene, sino sentirse mal porque el otro tiene lo que tú quieres. Nuestra tendencia a compararnos con los demás es más fuerte que nosotros, y por lo tanto genera sentimientos de inferioridad o superioridad, que no son en absoluto saludables.

Tenemos visión de corto alcance
Queremos aprovecharlo al máximo con el menor esfuerzo. Esto limita nuestra visión de largo alcance y nos hace tomar decisiones de mala calidad.

Vemos casi todo en negativo y nos autosaboteamos
Tenemos miedo a lo desconocido, y esto nos hace ver las posibilidades que se abren para nosotros con la negatividad, porque tenemos miedo de que puedan salir mal o nos lleven a una trampa. Es una tendencia de nuestra mente reptil que siempre quiere defenderse de todo, para eliminar los riesgos. Esto nos limita y hace que no actuemos para progresar, preferimos permanecer en situaciones «peores» pero conocidas que arriesgarnos a lo incierto.

Nos negamos a ver nuestro lado oscuro
Todos tenemos defectos y tendencias oscuras. Y nadie quiere enfrentar eso. Pero mirando ese lado se revela nuestra peor parte y eso nos hace ver cómo podemos mejorar. Nos hace ver nuestro lado más egoísta, el cual no queremos admitir que tenemos.

No cultivamos nuestros propósitos
Estamos impulsados por nuestras emociones inmediatas y las opiniones de los demás, la mayoría de ellas vinculadas al plan de tener (tener un título, bienes, cosas que mostrar). Seguimos adelante sin tener un gran propósito, sin una meta mayor en el plan de ser. La tendencia general es guardar las apariencias y evitar los grandes sueños, metas, grandes propósitos. Esto nos deja sin ese sentido de significado, de contribución.

Somos más conformistas de lo que pensamos
Tendemos a seguir a la mayoría. No es fácil tener ideas propias, cultivar la originalidad, porque tenemos miedo de no ser reconocidos, o de ser rechazados. Así que terminamos siendo lo que creemos que los demás quieren que seamos.

La naturaleza más elevada

Según Platón, tenemos en nosotros el alma o el espíritu que nos da nuestra vivacidad, el brillo de nuestros ojos. Esa sería nuestra luz interior, nuestra parte inmaterial y vinculada a la fuerza vital de la creación.

Según los antiguos griegos, esta parte de nosotros, a pesar de vivir dentro de nuestros cuerpos, sólo puede iluminarse y brillar cuando pasamos por un proceso de disciplina y aprendizaje. Esto es lo que los filósofos han llegado a llamar sabiduría, que es el objetivo de la filosofía (que significa el amor a la sabiduría).

Todos tenemos la capacidad de alcanzar la sabiduría, es decir, de experimentar la verdad última sobre los secretos de la vida, que nos despierta en nosotros.

Ese es nuestro lado más noble que nos hace capaces de crear nuestra realidad y puentes con la eternidad.

El cultivo de esta naturaleza suavizará o incluso eliminará los efectos destructivos de nuestra naturaleza inferior.

Estos son los rasgos de nuestra naturaleza superior:

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Auto-observación
Tenemos la capacidad de activar nuestro observador interno. Uno que puede tener una mirada «externa» a nuestras emociones, pensamientos, diálogo interno y acciones. Es capaz de analizar y reflexionar sobre lo que hacemos, sin emitir un juicio sobre ello. En otras palabras, no es nuestro crítico interno quien ve todo negativo: esto es parte de nuestra naturaleza inferior. Lo que nos llama a la alta naturaleza es nuestra conciencia: un observador interior que no juzga, no critica, tiene compasión por nosotros, confía en nosotros, cree que somos únicos e irremplazables.

Presencia
Al ser conscientes en el presente, y no en los pensamientos del pasado o del futuro, vivimos verdaderamente las situaciones que hemos experimentado. Desarrollamos la habilidad de notar cómo nos sentimos y pensamos, para darnos cuenta de que las cosas realmente importan, y esto nos hace tomar decisiones más sabias y menos apresuradas. Es importante cultivar esta capacidad – a través de prácticas de atención, la meditación por ejemplo – porque nuestra naturaleza inferior que nos lleva a las preocupaciones y el drama es todo el tiempo actuando sobre nosotros y llevándonos hacia abajo. Traer la conciencia al momento presente es traer el equilibrio mental, la capacidad de recuperar la paz interior, la autenticidad y el enfoque en las metas relevantes y las aspiraciones más altas.

Agradecimiento
La gratitud es también un regalo que debe ser cultivado. Si nos dejamos llevar por nuestra naturaleza inferior, rápidamente nos sentimos víctimas de todo y de todos. Valorar, agradecer lo que se tiene, lo que se es y lo que las circunstancias nos dan, incluso las más difíciles, es desarrollar la capacidad de poner atención en lo que va bien, en vez de en lo que no va bien. Con este enfoque, se hace cada vez más fácil superar las fuerzas tentadoras de la mentalidad de víctima de nuestra naturaleza inferior, y empezamos a aprender e incluso a ver razones para agradecer en los dolores y heridas del pasado.

Valor para enfrentar los miedos y defectos
Esta capacidad de ser apedreado es maravillosa porque nos hace cada vez más inmunes a las adversidades de la vida. Nos hace entender nuestros límites y tener más humildad. Para saber dónde podemos mejorar. Nos hace más abiertos al diálogo sin miedo a las críticas. Nos hace saber discernir las buenas críticas de las que no deben ser tomadas en consideración, porque provienen de la naturaleza inferior de quien las hizo. Nos hace tener el valor de ser vulnerables y de ser quienes somos. Nos hace actuar por los más altos valores humanos, y no aceptar menos.

Tener un propósito e ir tras ellos
La voluntad es un factor que nos eleva. Al tener el entusiasmo de hacer algo, entenderás su propósito y querrás ir en su dirección. Para hacer esto necesitas estar alineado con tu naturaleza superior, es decir, estar despierto a tu conciencia, y ya estar en un camino de auto-descubrimiento. Esto hará que ese propósito sea más claro que hacer la vida más clara como un resorte cristalino.

Si te vuelves a conectar con la naturaleza
Comenzar un viaje de evolución interna es un proceso que desencadenará naturalmente una reconexión con la naturaleza porque comenzará a deconstruir su ego que solía verlo como algo separado, objetivo y utilitario. Cuando tu ego (o tu naturaleza inferior) se hace menos espacio en tu vida, empiezas a notar lo sabia que es la naturaleza, y se revela a ti como un aliado en este proceso de caminar hacia tu naturaleza superior. Así que cuando sientas que estás siendo derribado por los trucos de la naturaleza inferior, ve a dar un paseo por la naturaleza. Fortalecerá su naturaleza superior.

Conclusión

Traer la conciencia a nuestra vida es despertar a nuestra naturaleza superior.

Esta es la facultad que nos hace mejorar, crecer, abrir nuestras mentes a nuevos puntos de vista, entender qué conceptos se ajustan mejor a nuestros valores. Nos hace ganar la capacidad de discernimiento, y evolucionar como un ser humano y ennoblece nuestro espíritu.

Entonces, ¿te sientes conectado a tu naturaleza superior, o todavía te dejas llevar por tu naturaleza inferior? Cuéntenos en los comentarios, y aproveche la oportunidad de hacer esta prueba gratuita que es un gran indicador de su grado de conexión con la naturaleza desde el interior y el exterior.

¡Muchas gracias!
Isa Gama.