Levanta la voz y pídele al otro que no grite…

Levanta la voz y pídele al otro que no grite…

Gritar y pedir al interlocutor que no levante la voz es una contradicción. Los gritos atacan y molestan al receptor, pero al mismo tiempo restan fuerza y razón al discurso de quienes los usan.

Tienes todo el derecho de pedir a los demás que no levanten la voz…. La única condición es que tampoco grites, de lo contrario es una petición sin sentido. En realidad no es raro ver discusiones en las que se responde a los gritos con gritos, en una escalada de tonos.

Tarde o temprano, todo el mundo se enfrenta a una persona irritable que es incapaz de mantener el control. Es todo un reto, especialmente cuando esta persona es nuestro jefe, colega o socio. La prueba es no dejar que el otro pierda los estribos…y no es nada fácil.

Esta es una situación difícil de controlar. Los gritos son ofensivos y nos hacen distorsionar fácilmente. Para pedirle a la otra persona que no grite, el secreto es aprender a reaccionar de manera correcta. Si, por el contrario, usted pertenece a la categoría de «gritones», no tiene muchas armas para exigir un tono más tranquilo a los demás.

«Los hombres gritan que no se escuchen unos a otros.»

– Miguel de Unamuno –

Levantar la voz como una forma de expresión

Gritar es un gesto útil sólo para intimidar o expresar la ira. La ira es el principal motor de los gritos, que son, entre otras cosas, un medio de expresión que denota poco control.

Hay muchos clichés o tópicos que usamos para justificarnos cuando levantamos nuestras voces. «Grito porque no me escuchas», dicen a veces. Hay muchas otras fórmulas estereotipadas que pretenden dar una explicación racional al gesto irracional de gritar.

Levantar la voz es sólo una indicación de inestabilidad emocional. Clamamos para mostrarnos más fuertes de lo que somos y para dominar la situación. Sin embargo, sólo demostramos que no tenemos suficiente control, ni siquiera sobre nosotros mismos.

¿Por qué estamos gritando?

Levantamos la voz cuando nos sentimos asustados o acorralados…así que atacamos para defendernos. La amenaza puede ser real o imaginaria, muchas veces sólo existe en nuestra inseguridad.

Cuando dependemos en gran medida de la aprobación de los demás, o somos hipersensibles a las críticas, cualquier gesto puede ser interpretado como una agresión latente a la que debemos responder.

Otra razón por la que gritamos es el hábito. Aquellos que, por ejemplo, fueron educados para gritar, internalizan este modo de comunicación como algo normal. Cuando está molesto o frustrado, levanta la voz para expresar su decepción o malestar.

Algunas personas muestran una tendencia a la agresión, ya sea por un temperamento mal dirigido o porque están pasando por situaciones que son incapaces de manejar. En estos casos, el grito no sólo se convierte en un mecanismo de defensa habitual, sino que también se manifiesta como hostilidad y ataques de ira.

Pídele a los demás que no levanten la voz

Normalmente, si levantamos el tono de voz, recibimos el mismo tratamiento; esto revela claramente la inutilidad del gesto. Pero no sólo es inútil, sino que también hace mucho daño a la comunicación y a las relaciones. Pedirle a la otra persona que no grite es un derecho que hay que ganar y defender.. Para conseguirlo, tenemos que empezar por nosotros mismos.

En las relaciones de poder se observa a menudo un modelo de comportamiento para el cual el «superior» tiene, aparentemente, el derecho de gritar…que falta a los sujetos a su dominio. Puede verse en la relación entre profesor-alumno, padres-hijos, dependiente de la cabeza o incluso en parejas basadas en esquemas de poder asimétrico.

En estos contextos, en los que existe una fuerte potencia vertical, se suele crear la dinámica «gritar y pedir no gritar». La madre que grita a su hijo ve lo irrespetuoso que es recibir el mismo modo de comunicación. Uno está convencido de que hay una jerarquía que debe ser respetada; lo cual es cierto…pero se pasa por alto la evidencia de que la autoridad viene de la consistencia y el ejemplo.

La madre, el maestro, el jefe, el compañero pueden haber ganado levantando la voz. Intimidante o inhibidor, pero plantan la semilla de la falta de respeto. Quien dice una cosa y hace otra, quien pierde los estribos y nos pide que nos controlemos, no recibe nuestro respeto. Gritar no aporta nada, y aunque levantar la voz es una gran tentación, sigue siendo un error.

Shelton, N., & Burton, S. (2004). Asertividad. Haga oír su voz sin gritar. Editorial del FC.