Los tratamientos más efectivos para la depresión.

Los tratamientos más efectivos para la depresión.

Existen muchas alternativas en el campo del tratamiento de la depresión. Las propuestas son muchas, pero ¿cuántas han resultado realmente eficaces?

La depresión, un trastorno grave del estado de ánimo, se caracteriza por uno o más episodios de profunda tristeza, angustia, infelicidad, apatía y otros síntomas. Esta es una realidad que afecta a gran parte de la población y tiene graves consecuencias; por tanto es fundamental conozca los tratamientos más eficaces para la depresión.

Una vez diagnosticado, debe comenzar el tratamiento adecuado. Hay varios enfoques disponibles, pero solo se ha demostrado científicamente que unos pocos son efectivos. Esto significa que han sido sometidos a investigaciones controladas (aleatorizadas y con grupos control), así como comparativas con otras terapias.

Como veremos en los siguientes párrafos, se desglosan los tratamientos más efectivos para la depresión en farmacológico, cognitivo y conductual.

Los tratamientos más efectivos para la depresión.

Antes de tratar la depresión, es necesario recibir un diagnóstico preciso de un especialista (psicologo clínico). Solo de esta manera será posible decidir el método más adecuado y, por lo tanto, tener un pronóstico confiable.

Como se trata de un trastorno grave, también es necesario prestar atención a todas las necesidades del paciente. La elección de un método ineficaz podría empeorar algunos síntomas y dificultar la curación.

Como se esperaba, Los tratamientos que han mostrado mayor efectividad se clasifican en farmacológicos y psicológicos.. Estos últimos, a su vez, incluyen los cognitivos y conductuales, aunque a menudo se adoptan de manera combinada.

En todos los casos, el objetivo es actuar sobre los diferentes aspectos que desencadenan la depresión. Por un lado, factores de tipo endógeno o fisiológico; por el otro, pensamientos y comportamientos depresivos.

Tratamientos farmacológicos

Existe cierta controversia sobre la efectividad de estos tratamientos debido a la posible adicción y efectos secundarios. Sin embargo, es la terapia más estudiada sistemáticamente, además de ser la más utilizada. Por tanto, su papel en el tratamiento de la depresión es fundamental; generalmente se completa con terapia psicológica.

Hay muchas formas de clasificar los tratamientos farmacológicos para la depresión. Teniendo en cuenta que existen diferentes formas de depresión, algunos fármacos son más adecuados que otros según el caso. Una de las clasificaciones más utilizadas distingue a los antidepresivos clásicos o de primera generación de los nuevos o de segunda generación.

En el primer grupo encontramos tricíclicos (imipramina) e inhibidores de la monoaminooxidasa o IMAO (fenelzina, deprenil, tranilcipromina). Actúan indirectamente impidiendo la eliminación de serotonina y noradrenalina, haciéndolas más disponibles para el cerebro.

La categoría de fármacos de segunda generación incluye inhibidores de la MAO (venlafaxina o moclobemida, entre otros) e ISRS (fluoxetina, paroxetina, sertralina o citalopram). Parecen tener menos efectos secundarios. Los ISRS funcionan previniendo la reabsorción de serotonina y son los antidepresivos más recetados.

Es importante recordar que aunque los tratamientos farmacológicos han mostrado efectos positivos, los datos indican que son eficaces para el 30-50% de los pacientes. Muestran la máxima eficacia cuando se combinan con la terapia de psicología cognitivo-conductual.

Tratamientos cognitivo-conductuales

Entre los tratamientos más eficaces para la depresión se encuentran las terapias cognitivas y conductuales, especialmente en combinación. Este tipo de intervención ha demostrado ser capaz de contrarrestar los síntomas depresivos.

Sumado a esto es que a veces era incluso más eficaz que un simple tratamiento farmacológico. Las técnicas cognitivas ayudan al paciente a reorganizar el pensamiento identificando ideas irracionales.

La terapia de conducta, por otro lado, se enfoca en su conducta y tiene como objetivo probar la validez de sus pensamientos. Tras refutarlos, se proponen ejercicios y nuevas actividades de refuerzo en su entorno cotidiano. Entre las técnicas más utilizadas para tratar la depresión encontramos:

  • Reestructuración cognitiva. En la depresión hay patrones de pensamiento caracterizados por una visión negativa de uno mismo y del futuro. A través de la reestructuración cognitiva, queremos identificar y modificar estas ideas distorsionadas, hasta formular otras capaces de producir emociones y comportamientos más positivos.
  • Activación conductual. Se parte de la idea de que el paciente ha dejado de recibir refuerzos de su entorno. Esta técnica consiste en motivar y promover conductas que permitan obtener un refuerzo ambiental; de esta forma podrás recuperar más pensamientos adaptativos, un mejor estado de ánimo y, sobre todo, una mejor calidad de vida.
  • La terapia de autocontrol de Rehm. Vinculado al anterior, tiene como objetivo mejorar la capacidad de autocontrol del paciente. De esta forma la persona adquiere recursos para reaccionar ante el fracaso, reorientar pensamientos y comportamientos hacia una meta positiva.
  • Terapia de resolución de problemas. Esta técnica tiene como objetivo cambiar la forma de afrontar los problemas, viéndolos como un desafío y una oportunidad de mejora. Además, brinda las estrategias para resolverlos mejor y coloca al paciente en una posición activa y útil para lograr sus objetivos.

Los tratamientos más efectivos e ineficaces para la depresión.

Es fundamental elegir un tratamiento óptimo en caso de depresión. Para este propósito Es útil saber qué terapias han mostrado la mayor evidencia de curación y eficacia.. Además de hacer una buena elección, es importante que el paciente esté comprometido y adherido al tratamiento; este último, si se abandona, podría ir seguido de una recaída importante.

Es necesario consultar a un especialista en psiquiatría o psicología, evitando buscar información de fuentes no científicas o no testifique. Los tratamientos eficaces son una ayuda valiosa, mientras que otros pueden empeorar la situación y perder un tiempo valioso en ausencia de un plan de intervención verdaderamente útil.

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