¡Mamá es buena, pero dura mucho tiempo!

PAGSpara ser más exactos, toda una vida !!! Y a pesar del juego, de hecho, las madres duran mucho tiempo, son eternas en nuestras vidas, al igual que sus actitudes, sus creencias y sus lecciones.

Hace mucho tiempo que no entendí la misión de la “madre” como algo glamoroso. Sí, ser madre es verdaderamente una misión y creo que, más que ser madre, la cuestión es ser mujer. Tengo amigos que decidieron no tener hijos, otros no pudieron, otros los tuvieron y así sucesivamente. No dejaron de ser madres.

Como misioneros tenemos nuestros momentos de debilidad, nuestras dudas, nuestros deleites, nuestros miedos y todo lo que implica la responsabilidad de cuidar a otro ser. Dar vida, educar, enseñar y dar pautas para que las sigan y se conviertan en adultos sanos, completos y felices. Hemos fallado varias veces en nuestras misiones y, la mayoría de las veces, las cosas no salen exactamente como «planeamos». A pesar de esto, lo importante es tener la humildad de admitir que no tenemos poder para hacerlo.


Mamá

Ser madre es un ejercicio de aprendizaje diario que, contrariamente a la creencia popular, puede suceder con los roles cambiados: hoy aprendo más de mis hijas de lo que puedo enseñarles. Aprendo que el amor es mío, pero que la vida es de ellos. Que los planes son míos, pero que los deseos y los logros son de ellos. Que lo que me parece más adecuado puede ser lo más alejado de lo que es adecuado para ellos. Y así vamos, madres e hijas aprendiendo juntas a convertirse en seres más completos.

Cuando digo que las madres duran mucho, me refiero a cuánto nuestras actitudes, palabras y la forma en que nos ponemos frente a los niños pueden llegar y permanecer en su alma y esencia. Cuántas creencias, las madres, no transmitimos sin darnos cuenta de que pueden ser muy pesadas para ellas.

Cada uno interpreta cada uno de ellos a su manera. Cada uno tendrá un impacto en sus vidas. Cada uno desencadenará una actitud diferente hacia nuestras «enseñanzas». Llevo muchas de estas creencias hasta el día de hoy y he estado tratando de aprender cómo liberarme de ellas. Otros, positivos que son, me ayudaron a transmitir valores como el respeto y la ética.

He deconstruido mucho de lo que pensaba sobre el papel de madre.

Las verdades no existen. Con mis hijas he aprendido a crecer, a verme a mí mismo ya ver al otro de otra manera en el espejo.

¿Y sabes qué? Es mucho mejor admitir que no tengo la verdad, aceptar que el camino que cada uno elige es liberador. Por mucho que duela aceptarlo, debemos confiar y creer que la energía que usamos (¡¡¡y no gastamos !!!) en “educar” es de gran valor cuando nos damos cuenta de que nuestros hijos están tomando sus propias decisiones.

Y, aunque sé que esta “figura materna” vivirá para siempre, ya sea en las buenas o en las malas, ¡estoy muy orgullosa de ser madre!

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