Mata tus miedos

UNA la vida está llena de situaciones escalofriantes. En muchos de ellos, no sabremos qué hacer y, en consecuencia, el miedo asolará nuestras almas. Algunas situaciones serán leves; otros llevarán al pánico y paralizarán cualquier posibilidad de acción. Una de las mayores crueldades de la sociedad es con aquellos en los que juzga a los cobardes. El problema es que mucha gente confunde la cobardía con el miedo, que son dos cosas completamente distintas.

Mientras el miedo es una expresión interna y subjetiva, más caracterizada como un sentimiento, la cobardía está ligada al exterior y a las acciones. Es decir, una persona puede estar aterrorizada por el miedo y enfrentarse a lo que teme, por lo que no se le puede llamar cobarde. Al mismo tiempo, un sujeto de dos metros sin miedo a golpear a una mujer de 60 años no puede considerarse un acto de valentía, sino una inmensa cobardía.

La mejor forma de lidiar con el miedo es seguir tres pasos muy simples, al menos en teoría, pero con la práctica se volverán más fáciles: mantén la calma, acostúmbrate al miedo y enfréntalo.


Recomendar la tranquilidad en una situación se convierte prácticamente en un pleonasmo, ya que es algo recomendable para cualquier tipo de situación. Acostumbrarse a la sensación de miedo es fundamental para evitar que se convierta en pánico. Mientras que el miedo nos deja alerta y atentos a lo que ocurre, el pánico nos paraliza, deteniendo cualquier intento de reacción. Y, finalmente, afrontar el miedo, algo fundamental para superarlo.

Muchos piensan que para enfrentar el miedo, primero debes eliminarlo, pero es todo lo contrario. Es totalmente normal tener miedo de algo, especialmente cuando se enfrenta. De hecho, aunque muchos no lo crean, el miedo es algo bueno, ya que funciona como despertador de nuestro instinto de supervivencia, preservándonos de lo que realmente puede ser una amenaza.

Y, lamentablemente, algunas situaciones no tendrán solución. Por mucho que lo afrontemos, algo impide su completa resolución o sus consecuencias pueden ser más graves que la etapa actual. Como dice un refrán: lo que no tiene remedio es. Al igual que ocurre con una enfermedad terminal grave, no podemos evitar hacerle frente. Por eso, es importante ser consciente, durante toda la vida, de que este tipo de cosas le pueden pasar a cualquiera. La mejor manera de enfrentar el miedo es estar preparado antes de que llegue.


Texto escrito por Diego Rennan del Equipo Eu Sem Fronteiras