Niños pospandémicos: ¿generación retrasada o generación preparada?

La pandemia cambió por completo todas nuestras estructuras sociales: tuvimos que reflexionar y, muchas veces, reconstruir valores que nunca antes se habían reflejado.

Uno de los temas que se volvió polémico fue el relacionado con la participación de los padres en la educación de sus hijos. La estructura familiar cambiaba constantemente y los padres ya no se sentían responsables de la educación, de preparar a sus hijos para el mundo. Lo que vimos fueron padres en turnos de trabajo dobles y triples tratando de remediar esta falta de construcción del “ser” por “tener”. Y comenzamos a tener niños y jóvenes con diagnósticos de ansiedad severa e incluso depresión, agresión, donde, curiosamente, la mayoría de estos diagnósticos eran de familias con relativo poder adquisitivo. Hasta que llegó tal pandemia.

Y de repente todos se quedaron en casa, compartiendo espacios, opiniones, ideas… es triste saber que una tragedia mundial como una pandemia era necesaria para que padres y maestros comenzaran a mirar más hacia nuestro futuro: nuestros hijos.

La gran preocupación de los padres es si sus hijos sabrán leer y escribir, si se perderán el año escolar …

La pregunta que quiero dejarles a ustedes, padres, es hacer la siguiente reflexión: ¿en qué consiste realmente la Educación? ¿Es la práctica de contenidos curriculares, asignaturas específicas segmentadas por ciencia realmente lo más relevante para nuestros niños en este momento? ¿Necesitan nuestros hijos pasar horas frente a la computadora “viendo” clases en línea que satisfacen el discurso y la investigación de los años de cualquier pedagogo? ¿Y cuántos de nosotros, adultos y padres, ni siquiera asistimos a una clase de este modelo, verdad?

No podemos menospreciar la alternativa encontrada (y quizás la única) para que los niños sigan teniendo acceso a los planes de estudio escolares. Pero, ¿son los más relevantes?

Momentos de relajación, diálogos más productivos durante el almuerzo, división de las tareas del hogar, ver películas, usar la tecnología para hacer videollamadas con amigos y familiares que hace tiempo que no visitamos, leer cuentos, cantar canciones, ¿no son estas lecciones importantes?

Estamos pasando por una fase en la que la palabra clave es repensar. Necesitamos repensar el papel de la escuela, la familia, crear nuevas rutinas, nuevas asociaciones y sobre todo nuevos diálogos.

Ciertamente, como nosotros, nuestros hijos llevarán recuerdos de esta época de cuarentena sin precedentes en nuestra historia. ¡Y que esos recuerdos sean buenos, entonces!

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En definitiva, sin duda, este tiempo quedará incrustado en la memoria: tiempo de repensar el ritmo, de recrear afectos, de pensar en nuevas formas de educación y lo que realmente es la educación. Nos preocupamos mucho si el niño sabe escribir el nombre, pero ¿por qué no empezamos a prepararlo para que sea más amable? En lugar de pasar horas enseñando matemáticas (los profesores están en una investigación exhaustiva para que reanudar las clases e insertar los planes de estudio sea más efectivo), enseñaremos a nuestros hijos a agradecer, sonreír, respetar. Sería mucho más productivo retomar las clases con niños más conscientes de la importancia del conocimiento, con una carga emocional llena de alegría, ahora con el acompañamiento de los padres, niños más seguros por estar seguros de que no están solos, con conocimientos desarrollados sobre tecnología, higiene, problemas socio-afectivos resueltos, familias más cercanas… ¿sería el comienzo de una generación atrasada, o una generación mejor preparada para enfrentar la adversidad?