No somos nuestros errores, valemos más

No somos nuestros errores, valemos más

¿Sientes que los errores del pasado continúan definiendo quién eres hoy? Si tiene esta sensación, este artículo es para usted.

Por diversas razones, nos convertimos en nuestros propios jueces y en nuestros críticos más feroces. Nos juzgamos y nos condenamos por cada pequeño error que cometemos. Además de esto, durante años seguimos cargando con el peso de ese “fracaso” sobre nuestros hombros. Si cada uno de nosotros fuera consciente del daño que esta actitud hace a nuestra autoestima, probablemente la abandonaríamos. No somos nuestros errores, valemos mucho más.

Tenemos la mala costumbre de etiquetarnos, de definirnos, de asignarnos adjetivos a través de los cuales definimos la idea que tenemos de nosotros mismos. Si lo pensamos un momento, nos daremos cuenta de que durante el día hablamos de nosotros muchas veces, y no siempre de forma positiva. Y al hablar también nos referimos al diálogo interior.

Las etiquetas nunca son recursos adecuados porque nos limitan. Y esto es especialmente cierto cuando nos definimos en función de nuestras cualidades o experiencias negativas. Por ejemplo, usamos frases como: «Siempre he sido un mal alumno», «No tengo suerte en el amor», «Soy tímido y avergonzado». ¿Cómo podemos estar cómodos con nosotros mismos si nos definimos de esta manera?

No somos nuestros errores, valemos mucho más …

Muchas veces tenemos expectativas específicas en diversos ámbitos de nuestra vida y tendemos a identificarnos con los resultados obtenidos en cada uno de ellos. Cuando no logramos los objetivos autoimpuestos, amplificamos el concepto negativo que tenemos de nosotros mismos.

Nos sentimos incapaces e inadecuados y olvidamos que nuestra esencia, nuestro valor intrínseco, nada tiene que ver con el resultado de una determinada actuación. También aplicamos si los compañeros de clase no nos han aceptado o si la relación de pareja está en crisis y no sale como se esperaba.

También aplicamos si nos despidieron o si no nos contrataron para ese trabajo en particular. Somos válidos aunque en el camino hemos perdido algunos amigos o si todavía no podemos superar ciertos miedos.

No somos lo que los demás piensan de nosotros y no nos representan las discusiones en las que hemos perdido el control. Somos mucho más que las veces que hemos fallado o aquellas en las que hemos preferido no arriesgar.

Valemos más que el examen que no aprobamos, los errores que cometimos o el daño que permitimos que otros hicieran. Nuestro pasado no nos define. Era una forma de aprendizaje y no una cadena perpetua. ¡No somos nuestros errores!

Evitamos identificarnos con lo que te rodea

Cuando construimos nuestra identidad e medimos nuestro valor sobre la base de eventos externos, renunciamos al poder que tenemos sobre nosotros mismos.

Por ejemplo, la familia puede ser esencial para ti. Se ven a sí mismos como esposas, madres, padres o esposos, pero ¿qué pasa si un día su matrimonio termina? O si el trabajo es lo más importante para usted, ¿cómo reaccionaría si se desmayara y lo despidan?

Es muy peligroso basar la base de la vida en algo externo a nosotros., que por lo tanto no podemos controlar. Si basa su identidad social únicamente en el trabajo o la familia, en algún momento puede convertirse en «la persona divorciada y desempleada». La sensación de fracaso será enorme y será difícil seguir adelante.

Cada error es un pequeño paso hacia el éxito

Lo más saludable es recordar que nuestro valor es intrínseco, incondicional y no depende de nada. Cuando logramos una cosa, entenderemos que valemos más que nuestros errores y comenzaremos a verlos como lecciones. Si nos amamos, aceptamos y valoramos incondicionalmente, cualquier obstáculo se puede superar porque no afecta la percepción que tenemos de nosotros mismos.

Siempre somos ustedes, incluso si cometemos errores, si tenemos miedo o si fallamos una prueba. Los errores, entonces, se convierten en lecciones que ayudan a mejorar y no en algo de lo que temer o avergonzarse. Cada «fracaso» es un trampolín hacia el éxito porque nos hace más sabios y experimentados que antes.

Por definición, las personas resilientes son más exitosas y felices porque son capaces de superar la adversidad convirtiéndose en mejores personas. Esto puede suceder si entendemos que el cambio es parte de nuestro viaje y que no hay nada más humano que cometer errores.

No se dejen definir ni por sus éxitos ni por sus fracasos. No somos nuestros errores porque valemos mucho más.

  • Iglesias, E. B. (2006). Resiliencia: definición, características y utilidad del concepto. Revista de psicopatología y psicología clínica, 11(3), 125-146.
  • Lillo, S. G. (2003). La ocupación y su significado como factor influyente de la identidad personal. Revista Chilena de Terapia Ocupacional, (3), rama 43.