Padres que controlan a sus hijos adultos

Padres que controlan a sus hijos adultos

Los padres que son fanáticos del control no dejan de ser fanáticos del control solo porque sus hijos son adultos. De hecho, en esta etapa tienden a ejercer mecanismos de control más sofisticados, como el chantaje emocional o la victimización. Analicemos la situación en este espacio.

Recibir consejos no solicitados, ser víctima de constantes reproches, recomendaciones sobre cómo se debe o no actuar; hacer uso del chantaje, de ese lenguaje manipulador que le quita la motivación y hasta la autoestimaLa forma en que los padres controlan a sus hijos adultos es a menudo tan críptica que podrías escribir un manual.

Este manual sería en realidad una colección de intolerancias y quejas tácitas. Llegar a la edad adulta llevando sobre sus hombros la sombra del padre que supervisa y critica o de la madre que usa mil trucos para tener el control sobre la vida del niño socava la dignidad y invisibiliza estas dinámicas sociales.

Estamos hablando de una sociedad que sigue exaltando los negocios de los padres y que ve en la familia ese amor incondicional que abraza y enriquece todo. Esto también es cierto cuando la paternidad se convierte en una fábrica de infelicidad. Un sufrimiento que se inyecta desde la infancia y que muy a menudo persiste hasta la edad adulta.

¿Por qué algunos padres supervisan a sus hijos? Y nuevamente … ¿por qué estos niños la mayor parte del tiempo no logran escapar de esta gripe? Estamos a punto de averiguarlo.

Padres que supervisan a hijos adultos

Hay muchos padres que vigilan a sus hijos adultos de cerca e incluso de forma remota. Poco importa si el hijo o la hija ha dejado el nido y tiene una familia propia y una vida independiente. El cordón umbilical no se desprende y a través de él sigue alimentando ese amor envenenado que tiene un objetivo: mantener intacta la dependencia de los padres.

Si se está preguntando qué se esconde detrás de la locura del control, la respuesta es simple: quienes buscan controlar buscan alivio del sentimiento de vacío causado por la independencia de sus hijos.

Los padres, por tanto, tratan de defenderse de la soledad convenciendo a sus hijos de que todavía son indispensables para ellos. La cercanía (y el dominio) de los padres hace que la persona crea que no es independiente y la cega al sufrimiento que provoca esta actitud.

Aunque los niños son adultos, la necesidad de control parental no desaparece. Las técnicas deben refinarse, esto es cierto, pero Quien haya sido manipulador durante buena parte de su vida o toda su vida seguirá encontrando nuevos caminos y estrategias. No importa si el niño todavía vive en el hogar de la infancia o si se ha ido. Las redes de manipulación se expanden y asfixian con gran habilidad.

El miedo a los padres

La persona con delirios de control es impulsada por la falta, pero también por el miedo. Tiene miedo de que su hijo continúe con su vida de forma independiente, en nombre de la madurez y la libertad, fuera de casa. Cualquier intento de este último de tomar las riendas de su propia existencia se percibe como un error y desencadena inmediatamente emociones deletéreas, como la ira, la ira, la angustia, etc.

Ver a sus hijos tomar sus propias decisiones sobre el trabajo o la vida privada se considera casi una amenaza. Además de esto, el padre demostrará que dar ese paso será contraproducente, porque … «¿Cómo puedes irte a otra ciudad dejándome solo?», «¿Cómo piensas comprometerte ahora mismo que más te necesito?»

Estos padres construyen muros para evitar que la vida de sus hijos continúe, para atraparlos día tras día.

Padres que controlan a los hijos adultos, ¿cómo lo hacen?

Los padres que controlan a sus hijos lo hacen de forma secreta, indirecta y dolorosa. Es una manipulación muy insidiosa, que los niños no pueden explicar bien cuando recurren a la psicoterapia.

Esta red que atrapa y estrangula la libertad en realidad siempre ha estado ahí, y los envolvió hasta el punto de considerar actitudes normales que no estaban en absoluto.

  • El padre siempre está ahí para «ayudar», pero esta ayuda aparentemente desinteresada está destinada a tener el control. Y así, se necesita cualquier ayuda no solo para controlar a los niños, sino también para chantajearlos y seguir ejerciendo su autoridad.
  • Estos padres ejercen una manipulación emocional particular mediante la cual proyectan en sus hijos un sentimiento de culpa permanente tras cualquier intento de «abandonar», «traicionar» o «herir».
  • El control también se ejerce con la palabra, a través de esos consejos que conocen órdenes y nos dicen que «lo hago por tu bien, porque sé lo que es mejor para ti».

¿Cómo salir de la prisión de los padres con delirios de control?

Es necesario reflexionar sobre la relación que tenemos con nuestros padres tomar conciencia de ese vínculo que nos ofrece bienestar y sufrimiento (independientemente de nuestra edad). Algunas personas, de hecho, no se dan cuenta de hasta qué punto la sombra de la familia interfiere y deforma su vida.

Necesitamos ser claros con nuestros padres sobre los comportamientos que estamos dispuestos a aceptar o no. Poner límites es un ejercicio para nuestra salud. No debemos caer en su red si no los respetan, si reaccionan mal y practican el victimismo, diciéndonos que los estamos abandonando.

Cuando una persona define límites precisos, los demás solo tienen dos opciones: aceptarlos o ver cómo nos alejamos cada vez más. En ambos casos es recomendable hablar de forma asertiva y clara con los padres, explicando cómo nos gustaría que fueran las cosas, por el bien de todos.

Por último, si bien no menos importante, tienes que curarte de todos los agotadores años de manipulación. Estas lesiones tienden a dejar una huella de baja autoestima e incluso estrés postraumático. Tengamos eso en cuenta.