Perdón a uno mismo

reisse Jesús: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y ​​con toda tu mente, ya tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22: 37-40).

Con esta síntesis del Mestre Jesús, sin invalidar los demás mandamientos, mostramos que debemos amarnos a nosotros mismos para experimentar este sentimiento con el prójimo. El amor en su plenitud requiere una madurez espiritual que aún estamos construyendo.

Perseverando por este logro, si tenemos amor y perdón para nosotros mismos, estaremos en el camino hacia la liberación de la culpa. Si no lo hacemos, seremos acusados ​​y jueces de nuestras imperfecciones y energizaremos la culpa que nos conducirá inexorablemente a la obsesión por nosotros mismos. Conscientes de que Dios es bueno, justo y misericordioso, no nos condena y aunque Jesús nuestro Maestro y guía no ha condenado a nadie, es evidente que el amor debe prevalecer como objetivo principal en nuestra vida, caminando juntos con la caridad que es. «Ese sentimiento en su forma dinámica».

Considere la pregunta 886, del Libro de los espíritus: “¿Cuál es el verdadero significado de la palabra caridad, tal como la entendió Jesús?? – Benevolencia para con todos, indulgencia por las imperfecciones de los demás, perdón de las ofensas. EL “indulto” que venimos a otorgarnos a través del auto-perdón no es una negligencia ni una omisión de nuestras faltas, sino una oportunidad para realizar la catarsis necesaria.


Mujer con los brazos abiertos frente al mar

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El martirio de la culpa no debe permanecer en nosotros.

El conocido aforismo: «agua debajo del puente no mueva molinos», aclara que no debemos sumergirnos en el pasado cavilando sobre el sufrimiento. En el libro Momentos de Consciência, pág. 25, aparece la psicografía de Divaldo Pereira Franco, del Espíritu Joanna de Ângelis: “(…) De esta manera, quienes se detienen en los oscuros paisajes de la culpa aún no han descubierto la conciencia de su propia responsabilidad hacia la vida, negando la bendición de la liberación”.


campo de trigo

Encontramos, todavía en el Libro de los Espíritus, la pregunta 835: «¿Es la libertad de conciencia una consecuencia del pensamiento»? – La conciencia es un pensamiento íntimo, que pertenece al hombre, como otros pensamientos ”. Por tanto, la culpa debe superarse mediante acciones positivas y rehabilitadoras, que resultarán de los pensamientos íntimos ennoblecedores. El Maestro Jesús le dijo a la mujer adúltera: “(…) Tampoco te condeno; vete, y no peques más ”(Juan 8:11).

Es así como debemos alinear nuestras conciencias ejercitándonos diariamente en este proceso de reeducación, donde la indulgencia nace de nuestros propios errores. En el libro Jesús y el Evangelio a la luz de la Psicología Profunda, psicografía de Divaldo Pereira Franco, del espíritu Joanna de Ângelis, tenemos: “(…) Amarse a sí mismo va más allá de la humanidad misma en la que se encuentra el ser, para llegar a una forma de angelitud, que lo lleva del mundo físico al espiritual, incluso sin romper los lazos materiales”.

El perdón a uno mismo nos libera del sufrimiento y también de los consiguientes trastornos psicosomáticos. (El odio encarcela; el perdón libera).