Perdonar. Olvidar es más difícil.

Hay una gran diferencia entre perdonar y olvidar. Creemos que es menos difícil perdonar que olvidar, ya que es común decir “quien recibe la bofetada nunca olvida”. De hecho, es una tarea complicada.

Tengo un familiar al que considero mucho y que siempre dice «nunca hago la primera infracción». Esto es muy importante, pues observo que esta persona ya ha alcanzado cierto grado de evolución, pero ¿cómo se comportará después de sentirse ofendido?

Sabemos que hay personas a las que no les importa la evolución moral o la conducta correcta. Lo que realmente quieren es ofender, pasar por alto a los demás sin la menor consideración. Debemos cuidar a estas personas, porque como están acostumbradas a estar envueltas en malas energías, no les preocupan el lenguaje ni las malas actitudes.

Sin embargo, cuando nos sentimos ofendidos la tendencia es a tomar represalias, ya que es una cuestión de autodefensa que nos acompaña desde el momento en que solo teníamos instinto, aunque después de un tiempo nos dimos cuenta de que esa terrible energía que nos envolvía no debía seguir con nosotros, por eso luego piensa en el perdón, ya que la ofensa no vino de nosotros.

Luego llega el momento de trabajar en el perdón, que no es fácil, pero con dedicación y mucha meditación lo estamos logrando. Pero repito: ¡no es fácil! Puede llevar días, meses, años o incluso no suceder en esta vida, pero si podemos perdonar lo que se nos ha hecho, entonces debemos intentar olvidar lo que pasó.

Esto es más difícil, porque aunque tenemos la capacidad de minimizar el recuerdo de la ofensa, la calumnia o lo que sea, siempre hay un residuo en nuestra mente del hecho, y ocasionalmente comentamos con alguien o incluso nos encontramos pensando, y esto nos lleva a un momento de energía muy dañino para el organismo.

Jesús, conociendo la difícil tarea de perdonar, respondió diciendo que debíamos practicarlo setenta veces siete, es decir, indefinidamente.

Pero no te preocupes por cuantas veces recordaremos lo sucedido, lo importante es que en cada momento esa pequeña mala energía nos viene a la mente, recuerda al Maestro, y perdona nuevamente. Este es un ejercicio que va en contra de lo que dijo. Al hacerlo, lo que nos han hecho se está alejando cada vez más y, ciertamente, con el tiempo ya casi no lo recordaremos.

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No podemos dejar esta vida con rencor contra una persona que a menudo ni siquiera recuerda el daño que causó, y que seguramente tendrá que rendir cuentas al Creador en un futuro cercano o incluso en esta existencia, pero nosotros, sin guardar rencor, seremos libre del contacto con el delincuente en otra vida, ya que lo liberamos de rescatar algo con nosotros.

Ejerzamos el perdón setenta veces siete y tratemos de olvidar, y ciertamente seremos libres. Energía para todos.