Por que debemos practicar el perdon

El perdón siempre ha sido y siempre será un sentimiento que forma parte de nuestra trayectoria vital. A veces es fácil perdonar, pero muchas veces, según el trauma o la intensidad del dolor, ese sentimiento sublime parece no estar al alcance.

Como terapeuta, escucho mucho esta pregunta pertinente: «¿Pero cómo puedo perdonar a alguien que me ha hecho mal, me ha traicionado o me ha herido?»

Parece imposible cuando asociamos erróneamente el perdón con aceptar o estar de acuerdo con el daño que se nos ha hecho.

¡Resulta que perdonar está lejos de serlo! Perdonar no significa aceptar o incluso guardar silencio ante el dolor. Perdonar es un sentimiento que, en primer lugar, se dirige a nosotros mismos y no al otro. Cuando perdonamos somos capaces de liberarnos del dolor que llevamos y dejamos de sufrir.

Y para lograr el perdón, también debemos practicar el perdón a nosotros mismos. Uno es parte del otro, porque al perdonar también nos perdonamos a nosotros mismos porque ya no necesitamos sentir ira, odio o tristeza.

La Técnica de Programación Neurolingüística (PNL) nos enseña 5 pasos para el proceso del perdón.

El primer paso es practicar la empatía. Tener empatía es ponerse en el lugar del otro, ponerse en el lugar del otro, para poder entender por qué la otra persona actuó de la manera que lo hizo. Es importante enfatizar que cuando el otro hace el mal es porque hay algo mal dentro de esa persona con lo que no pudo lidiar.

El segundo paso es la responsabilidad. Esto significa ser consciente de la parte que es nuestra responsabilidad. Reflexiona en qué parte contribuimos que podría suceder y toma conciencia para que ya no suceda.

El tercer paso es la aceptación. No significa aceptar el mal, ni mucho menos. Pero aceptar el ahora, lo que tenemos en este momento, y aceptar que lo que pasó ya pasó y que tenemos que seguir adelante, para no quedarnos estancados en la sensación de sufrimiento.

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El cuarto paso es el enfoque del Perdón. En este paso, encontramos razones para entender que perdonar es mejor que vengarse o seguir vibrando en el sufrimiento. La mejor opción que tenemos es liberarnos.

Y el último paso en el proceso del perdón es la gratitud. Sí, gratitud. No a través del sufrimiento, sino a través del aprendizaje. Cada sufrimiento nos hace crecer, cada aprendizaje nos lleva un paso más allá en el camino de la vida, para que seamos más fuertes y podamos crecer y madurar.

Practicar el perdón es amarse a uno mismo, dejarse curar y, sobre todo, ¡ser libre!