¡Quiero convertirme en pájaro!

redesde pequeño, pensó, porque ya en su cuna, muy cerca de la ventana, miraba el vuelo de los pájaros y estaba encantado. Para él, el pájaro era todo bueno: pequeño, ágil, alegre … ¡Y voló por todos lados! Incluso luchando en el aire, en pleno vuelo, como hacían los gorriones en las mañanas luminosas de primavera, los pájaros se mostraban como seres que, más tarde, comprendió que salían de la mesa de dibujo del Creador, en sus momentos de reflexión, cuando imaginaba lo que crearía más tarde y sería conocido como «mujer».

Creció fascinado por los pájaros. Debe haber sido el único niño de su generación en ese vecindario arbolado que nunca usó un tirachinas excepto para romper ventanas en las aburridas casas de los vecinos y al que le gustaba golpear balones de fútbol en las calles. El primer regalo que le dio a su primera novia fue una pluma de pájaro, rayuela, solo más grande que la mitad del dedo meñique, nunca olvidó la expresión de alegría de los superdotados y comenzó a gustarle aún más los pájaros.

Un día conoció el desamor y un pajarito fue el único testigo de un grito torturado, en el que trató de dejar fluir el inmenso dolor de la pérdida. El pájaro se quedó cerca de él, en el tendido eléctrico de un poste, mirándolo con la cara que solo tiene un pájaro y solo se fue después de que cesó el llanto y ambos entendieron que era hora de que uno buscara a otro para consolar y otro, un nuevo amor para renacer y volver a aprender a volar en la turbulencia de las pasiones.

Casado con un pajarito, según él. La niña con tanta gracia y ligereza solo podía ser un pajarito, con una voz que aun cuando llegaba el momento de decir algunos insultos era pura música. Pajarito que voló con él durante muchos años, en cielos azules como el manto de la Virgen, alternando con otros medios de ceño fruncido e incluso por aquellos que más sirvieron para ser escenarios de películas de tormentas en las que barcos y marineros eran succionados por el vientre de sirenas enojadas. . Con el pájaro tenía dos hijos, niño y niña, él era un pájaro carpintero puntiagudo de cabeza amarilla y ella era una cambaxirra saltarina que parecía caminar con un tacón 15: así veía a sus hijos, con los mismos ojos que cuando veía a los pájaros pasar volando. Cielos.


pajarito

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Sin embargo, toda su vida una duda angustiosa amargó un poco su contemplación de los pájaros: a donde fueron, como murieron Nunca le fue posible ver a un pájaro saliendo de su vida, excepto cuando uno de ellos chocó con el cristal de una ventana y otro fue visto en la boca de un gato, de esos que habitan los techos de las casas. Incluso un ornitólogo vino a consultar sobre este misterio y lo que escuchó de él no fueron más que explicaciones científicas, un poco aburridas.

Un día se convirtió en pájaro: el ciclo llamado «vida» terminó, muy débil y sintiendo la ligereza de un pájaro para poder volar, sonrió por última vez a su pajarito de toda su vida ya muchos otros hijos, nietos y hasta un bisnieto y voló hacia el otro lado. Cuando llegó allí, cantó una canción de inmensa belleza y vibrante alegría. Finalmente supo hacia dónde iban los pájaros y sus ojos brillaban en colores que coincidían con las notas musicales nunca escuchadas por los humanos, que eran la sinfonía predominante del lugar donde se encontraba. Qué lindo ser, finalmente, birdie, pensó y se regocijó. Sintiendo que podía volar, hizo un solo gesto y se encontró volando hacia donde solo aquellos que vieron llegar un pájaro, allí en el vientre de toda la Creación.

¿Has pensado alguna vez, lector de estas líneas, en convertirte en pájaro? ¿Le gustaría ver de cerca dónde se ha creado y perfeccionado la vida durante miles de millones de siglos? ¡Conviértete en pájaro! Vuela con tus sueños, canta la alegría de vivir, reconfócate en la ligereza, encuentra un pajarito que tenga la otra ala y que, junto con la tuya, permita el vuelo de ambos y sal, en vuelos de todo tipo, llevando y esparciendo semillas de deseos de convertirse en pájaro y tener la certeza de que será pájaro cuando sea inevitable volar hacia un nuevo tiempo, ¡una magnífica dimensión!