Reflexión

En nuestra vida diaria nos ceñimos a nuestras inquietudes y comportamientos, cuidamos nuestras pautas de tradiciones familiares y nos dedicamos a la necesidad de satisfacer las necesidades de la vida terrenal. En este proceso, porque nos identificamos con él, en él y para él vivimos.

No pretendo, con esta afirmación, decir si tenemos razón o no, además, no soy el dueño de la verdad ni el dueño de la razón para hacer tal afirmación. Sin embargo, quiero recordarles que además de lo cotidiano, debemos prestar atención a la individualidad sublime que es este yo nuestro, el espíritu inmortal e intangible que somos y que a través del cerebro manifestamos en la vida corporal.

Me doy cuenta de que, en ese proceso, no entramos en la atención necesaria para que podamos vivir, por qué vivimos, como decía Shakespeare en el monólogo del primer acto de su obra Hamlet: «Ser o no ser, esa es la cuestión».

No existen reglas estatutarias para vivir, cada uno lo hace según su propia elección, sin embargo en su verdadera existencia, la espiritual, nadie es conocido por la elección hecha por la vida material, ni por lo que cree. Traemos con nosotros la historia de nuestros logros y solo los trabajos realizados nos atribuyen el mérito o el demérito a cada uno de nosotros.

Es común confundir religiosidad con espiritualidad. La religiosidad es dedicarse a la religión como espiritualidad es dedicarse con respecto a la calidad de lo espiritual. De ahí la necesidad de algo a lo que no siempre prestamos atención: la reflexión.

Si buscamos una vida mejor y situaciones que nos hagan destacar en el mundo, sin esforzarnos, no lograremos nada. En lo espiritual es lo mismo. Por lo tanto, debemos reflexionar sobre lo que pretendemos hacer: recolectar horizontalmente o recolectar verticalmente.

Recoger horizontalmente significa acumular bienes materiales, uno al lado del otro. Coleccionar verticalmente es acumular bienes espirituales, uno sumado al otro.

¿Recolectar horizontalmente o recolectar verticalmente? Esta pregunta me recordó la encíclica papal, Juan Pablo II, Fe y razón, que es de contenido universal:

La fe y la razón (fides et ratio) constituyen, por así decirlo, las dos alas por las que el espíritu humano se eleva para contemplar la verdad. Fue Dios quien puso en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en última instancia, de conocerlo, para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la verdad plena sobre sí mismo ”.

Entonces aprendemos que el que se mueve solo por la razón se volverá materialista y el que se mueve por la fe mística será un fanático religioso. La reflexión nos muestra que seremos guiados, en nuestro vivir terrenal, por el equilibrio entre fe y razón, es decir, por el equilibrio espiritual y material, entendiendo la fe como forma razonada de creer haciéndolo realidad y no como fe ciega, en creer por creer. , esperando eventos para milagros.

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Siguiendo este camino, entendemos que, conociendo cada uno su propia verdad, para qué y para qué vivimos, adquirimos la capacidad de construir obras que se verán desde la espiritualidad a la que pertenecemos.

Por eso, será bueno que cada uno practique la reflexión sobre sí mismo, para que seamos mejores cada día, dando sabor a nuestra vida.

Gracias por escucharme.