Reinventando la vida

Con el tiempo, la humanidad ha vivido con pandemias que han provocado mucho sufrimiento. En esos períodos, no se sabía que hoy la ciencia nos trae grandes beneficios. Muchas de las dificultades ya se pueden prevenir o minimizar a merced de los avances tecnológicos que permiten predecir desastres.

Justo en los albores de 2020, el mundo se enfrentó a una nueva enfermedad que rápidamente se convirtió en pandemia. Covid-19 socavó la paz del mundo y en el proceso se expandió abruptamente, cobrando miles de vidas.

La retirada se volvió imperativa, además de otras medidas restrictivas y un intenso cuidado personal, para intentar frenar la propagación de la contaminación. El ser humano se aisló forzosamente, pues llevaba mucho tiempo en “soledad comunitaria”, por la comunicación a través de la tecnología en detrimento de la palabra verbal. Los de lejos viven cerca y los contiguos …

Esta calamidad que deja un sufrimiento intenso tiene su razón de ser. Es la destrucción que favorece la renovación. Tenemos en el “Libro de los espíritus”, Q-728: “¿Es la destrucción la ley de la naturaleza? Lo que necesito es que todo sea destruido para renacer y regenerarse; porque lo que llamáis destrucción no es más que una transformación, que apunta a la renovación y mejora de los seres vivos ”.

En esa estela de dolor se hizo más evidente la pérdida de seres queridos, el desempleo y tantas necesidades, el ser humano impotente ante algo microscópico: un virus … Queda claro, entonces, lo frágiles que somos ante algo aparentemente insignificante, pero potencialmente peligroso y letal.

Como resultado, además de las enfermedades físicas, se combinaron los trastornos mentales. Los casos de ansiedad y depresión se han incrementado, siendo un factor más en esta neurosis pandémica que se ha consolidado en el mundo. ¿Es motivo de reflexión? ¡Si! Pero, ¿qué tan maduros nos ha traído la lección o todavía nos traerá? Durante estos ataques, nos enfrentamos a personas sin la menor protección personal, que egoístamente olvidaron que estando contaminados, otros también lo estarían… Esta práctica fue una falta de respeto a los demás, indicando que algunos viven “soberanos” sobre todos. demasiado.

El sentido común no tenía cabida en aquellas mentes que tienen derecho a dañar a otros. La esperada “inmunidad colectiva” no tuvo la correspondiente “fraternidad”.

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¿Fue la lección suficiente para cambiar patrones de comportamiento? ¡Todavia no! Sin embargo, tuvimos que reinventarnos y la tecnología hizo que los encuentros de las Casas Espíritas y otras entidades religiosas impulsaran encuentros virtuales para suplir de alguna forma su trabajo.

Evidentemente no es el ideal, pero la necesidad renueva el espíritu creativo del hombre para superar los desafíos que se presentan. Son las experiencias dolorosas o no las que nos llevan a la evolución en la escuela de la vida.