Resignación

Este mes de noviembre se completan ocho meses de aislamiento social, que nos trajo cambios de hábitos, haciéndonos deseosos de volver a la normalidad.

Además de todo el malestar, los medios de comunicación nos bombardean todos los días con el número de muertos, que va en aumento. Solo hay una información: vergüenza.

El desánimo y la angustia, especialmente entre los ancianos, plagan los hogares. Se acerca la Navidad y Papá Noel no sostiene a los niños en sus brazos, parece que el amor ha terminado. ¿Terminará alguna vez? Hay quienes preguntan. De las protestas en varios países contra las medidas sanitarias, se desprende que está emergiendo la desesperación.

En la obra titulada “El enigma de la vida”, escrita a finales del siglo XIX por la pensadora inglesa Anne Wood Besant, en el capítulo VII, encontré algo excelente, aplicable a la actualidad: “Trastornos que nos afectan, como ‘ Las flechas lanzadas desde el cielo ‘, son difíciles de soportar, pero problemas que surgen de causas, que podemos entender y, en consecuencia, controlar y afrontar con paciencia y resignación ”.

Esto fue escrito hace más de 100 años, sin embargo, a medida que sufrimos la calamidad de Covid-19, vemos que este texto sigue siendo actual.

«Control y afrontar con paciencia y resignación», dijo. Eso es lo que significa la resignación: aceptar y afrontar. Lo que se nos enseña es lo contrario, se nos dice que renunciar es sujeción, entendiéndolo como una negación de la voluntad, contraria a la razón.

Los trastornos que caen sobre nosotros, como “flechas del cielo, son difíciles de soportar”, aquí hay más sabiduría. Este dicho también se aplica, no porque el Covid-19 traiga flechas de un Dios maligno, sino porque es un momento propicio para la reflexión, cuyas flechas, el dolor, nos motivan a aprender.

Hoy, en las diversas corrientes filosóficas que se ocupan de lo espiritual, hay unanimidad en afirmar que esta pandemia promoverá cambios en la humanidad. No es mi objetivo entrar en este tema, me preocupa cómo usar el momento para tonificar nuestra psique; renunciar es la palabra mágica que nos lleva a mejorar.

Como ya se dijo, renunciar no es ser pasivo ante situaciones adversas, por el contrario, es ir a un enfrentamiento valiente, porque la aceptación de lo inevitable, sumada a la determinación de enfrentar la adversidad, nos capacita ante la devastación y nos motiva a continuar; ser como el árbol, que se dobla con la fuerza del viento y no se rompe, incluso puede ser arrancado de raíz, pero nunca destrozado.

Entonces tenemos que resignarnos y entender que hay eventos que son difíciles de superar, aceptándolos como una lección para nuestro mejoramiento, haciendo que esta situación sirva de catapulta para lanzarnos a altos niveles de comprensión de la vida.

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El coronavirus nos está diciendo cómo actuar como Dios. Actuar Dios no es dedicarse al pieguismo religioso, ni a las beatices, ni a los rituales; actuar como Dios es vivir a Dios, no destruir la naturaleza, no contaminar el agua. No es ensuciar las calles, respetar y obedecer las leyes, obedecer a las autoridades, no prestar a ningún tipo de promiscuidad. Es sonreír para los que están tristes, es tolerar al idiota, es comprender al inquieto, al inadaptado. Significa respetar árboles, animales, pájaros, gusanos, peces, seres humanos y entender que el momento nos llama a pensar.

Al vivir aislados, sin aislarnos, se nos permite avanzar en el aprendizaje interior y lograr el crecimiento espiritual, que nos llevará a la inmortalidad. Tenemos, aquí y ahora, una buena pelea que pelear, debido al Covid-19. No desperdiciemos esta oportunidad de ser mejores.