Sabes reconocer cuando te atrapó la envidia

Envidia: el mal silencioso del mundo

Flo alarmante acerca de siete pecados capitales es literalmente llover sobre la humedad. Todos tenemos alguno de ellos, en mayor proporción de persona a persona. “Soy codicioso”, “estoy enojado”, “mi problema es la pereza”, etc. son declaraciones que los individuos admiten abiertamente en la sociedad. No es nada bueno, pero si miramos los delitos, probablemente nadie quede impune, al fin y al cabo todos tienen un poco de hambre además de la voluntad, la ira, la pereza de levantarse por la mañana y así sucesivamente. Pero, y envidia, ¿alguien realmente admite tener envidia?

¿Es unánime que la envidia existe en la sociedad, de hecho, quién no conoce a esa “gente envidiosa”? Más de un nombre viene rápidamente a la mente de aquellos que codician lo que tienen otras personas. De hecho, la diferencia entre codicia y envidia es que la primera se refiere a individuos que quieren tener cosas como los demás, mientras que en el caso de la envidia existe el deseo de tomar lo que el otro tiene. Desde esta perspectiva, la codicia puede incluso utilizarse como mecanismo de ambición y lucha por alcanzar metas. No es el caso de la envidia, que incluso tiene un lado cruel, al fin y al cabo está el placer de tener lo que se desea y también en el otro no tener más.

Pero si la gente conoce a personas envidiosas, por otro lado, no creo que el número sea proporcional al número de individuos que se identifican como envidiosos. Conocemos a muchos que tienen envidia dentro de ellos, pero pocos, quizás ninguno, que admiten padecer esta enfermedad.

La mejor manera de no ser envidiado es tener tu riqueza dentro de ti.

El problema de la envidia, en primer lugar, radica en este aspecto de ser un signo de inferioridad y de que las personas no reconozcan a los demás o incluso a sí mismas que son envidiosas. Si no reconoce la existencia del problema, pronto no podrá aprender a lidiar con él.

Algunos creen que los pies de pimienta, la sal gruesa o los espejos pueden ayudar a protegerse del famoso ojo gordo. Aunque no hay unanimidad en cuanto a la efectividad de estos métodos, casi todos podemos sentir que la envidia ajena puede perjudicarnos, por lo que la mejor forma de combatir la envidia es, primero, no desperdiciar y también controlar nuestros pensamientos. No te ciñas a lo que tienen los demás, sino valora lo que es tuyo. Habla lo menos posible y exponte lo menos posible en las redes sociales.


Escrito por Diego Rennan del equipo Eu Sem Fronteiras