Siempre sintiéndose ofendido: ¿qué hacer?

Siempre sintiéndose ofendido: ¿qué hacer?

Reaccionar de manera desproporcionada a las palabras o gestos de los demás. Cuando nos sentimos ofendidos, el cerebro primitivo se hace cargo. ¿Qué podemos hacer para recuperarlo?

Algunas personas tienden a ofenderse con mucha facilidad. Pero le puede pasar a cualquiera que reaccione de manera desproporcionada a una palabra o gesto que, en un pensamiento genial, no era tan importante. Luego, ¿Qué lleva a sentirse siempre ofendido? ¿De dónde viene este recurso interno que nos hace «saltar a la garganta de nuestro enemigo» sin una razón real?

En algunas situaciones nuestro juicio se nubla y el cerebro más primitivo o emocional toma las riendas. Si haciendo uso de la lógica llegamos a comprender que nos hemos excedido en la interpretación de los hechos, ¿por qué no podemos controlarnos de inmediato?

La tendencia a sentirse ofendido puede ser fuente de sufrimiento intenso. Nos da la percepción de que la voluntad de los demás es lastimarnos, humillarnos o menospreciarnos; esta creencia nos mantiene en constante estado de alerta. Esta extrema susceptibilidad también afecta nuestras relaciones, los pone tensos, los resquebraja, los convierte en causa de sufrimiento para todas las personas involucradas. Se puede hacer algo al respecto?

¿Por qué estamos ofendidos?

No se trata de permitir que otros nos falten el respeto o nos lastimen. Ciertamente hay situaciones en las que el insulto o agresión es claro y es sano y razonable sentirse ofendido o defender nuestra integridad. En muchos otros casos, sin embargo, se trata de un mecanismo de percepción erróneo y aquí es donde debemos intervenir.

Factores principales

Es importante comprender qué variables regulan una susceptibilidad muy marcada.

  • Heridas de la niñez. En los primeros años de vida vivimos situaciones que nos marcan. Estas son las experiencias de las que habla Lise Bourbeau en su libro Las cinco heridas y como curarlas. Más tarde, ya adultos, cuando alguien toca esta herida abierta, el recuerdo del dolor resurge y magnifica lo sucedido. No nos ofenden tanto las palabras del otro, sino lo que han podido despertar en nuestra memoria.
  • Baja autoestima. Nos ofendemos más fácilmente si nuestra autoestima no es sólida. Guiados por nuestro sentido de inferioridad, intentamos por todos los medios no ser percibidos como tales por los demás. Para ello, levantamos una imagen, una falsa y frágil autoestima que no permitimos que nadie ataque, ni siquiera en una pequeña parte. De lo contrario, estaríamos expuestos.
  • Rigidez. A menudo puede suceder que características como la falta de flexibilidad cognitiva o el pensamiento dicotómico lleven a sentirse ofendido. Aquellos que piensan que los demás deben ser o comportarse de cierta manera podrían interpretar negativamente un gesto o comentario que defraude esta expectativa. Una broma se considera una ofensa si no reaccionamos con humor.
  • Hábito. Repetir un comportamiento o un patrón de pensamiento facilita la repetición. La iteración fortalece las conexiones neuronales asociadas, haciendo que algunas reacciones sean automáticas. Esto explica por qué algunas personas tienden a sentirse ofendidas: no pueden encontrar otras estrategias cognitivas para interpretar los hechos.

Siempre sintiéndome ofendido, ¿qué podemos hacer?

El primer paso es entender que nadie nos ofende, somos nosotros quienes decidimos ofendernos. No tenemos control sobre las palabras o el comportamiento de los demás, la única libertad que tenemos es decidir cómo reaccionar. Por eso debemos acostumbrarnos a no tomar un trampolín, a trabajar sobre nosotros mismos, optando por no sentirnos ofendidos.

Si los ataques son claramente maliciosos, utilice una comunicación asertiva. Defiende tus derechos o abandona ese vínculo, pero Analice siempre la veracidad de su interpretación. A menudo miramos la realidad a través de los lentes de nuestras heridas y defectos.

Para ello, libérese del hábito de sentirse ofendido; acostumbrar la mente a buscar y utilizar otras vías cognitivas. Pregunte, no haga suposiciones. En muchas ocasiones, ser susceptibles nos lleva a esperar lo peor de los demás, dar por sentado las malas intenciones que en realidad no existen.

Dar una interpretación más flexible de las palabras o gestos de quienes interactúan con nosotros evitará muchos conflictos. Mejorará nuestras relaciones y nuestro mundo interior. A veces, sentirse en paz es más saludable que tener razón.

  • Bourbeau, L. (2011). Las cinco heridas que impiden ser uno mismo. OB STARE.
  • Aguilar-Morales, JE y Vargas-Mendoza, JE (2010). Comunicación asertiva. Network de Psicología Organizacional. México: Asociación Oaxaqueña de Psicología AC.