Suicidio: una calamidad mundial

El 10 de septiembre de 2003 la Organización Mundial de la Salud (OMS) instituyó el Septiembre Amarillo como fecha para una campaña mundial de prevención de suicidios debido a esta calamidad que asola de manera alarmante a la humanidad. Cada año las estadísticas identifican el aumento de estos casos, que se han convertido en un problema de salud pública.

Las causas son las más diversas, siendo la depresión una de las más importantes en este contexto. Las dificultades financieras, las enfermedades, las drogas lícitas o no lícitas, la desilusión de la vida y también la falta de religiosidad del ser humano hacen que esta incidencia sea cada vez más preocupante. El suicida no quiere dejar de vivir, quiere «deshacerse» de lo que le aflige.

La fragilidad humana que resulta de los sentimientos y emociones apenas experimentados hace que este acto de desesperación sea oportuno, y para aquellos que creen que la vida no se reduce de la cuna a la tumba saben que hemos aumentado nuestras aflicciones de mañana en un grado muy alto, es decir, el Espíritu va más allá de la tumba con todo lo que ha construido aquí de bueno o no. Recordemos siempre que la vida es un ciclo de desafíos, que son pruebas para nuestro proceso evolutivo.

Abreviar la vida es la mayor transgresión del ser humano a las Leyes de Dios, según la pregunta 944 del «Libro de los Espíritus»: «¿Tiene el hombre derecho a disponer de su vida? – No, sólo Dios tiene ese derecho. El suicidio voluntario es importante en una transgresión de esa ley.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió el 22 de enero de 1998 que «la salud es un estado dinámico de completo bienestar físico, mental, espiritual y social, y no sólo la ausencia de enfermedades o dolencias», y el Ministerio de Salud apoya al Centro de Valoración de la Vida (CVV). En 2017, 2 millones de personas llamaron al número 188, que ofrece apoyo emocional y prevención del suicidio. Imaginemos cuántas vidas se han salvado de esta falta de atención…

Los números siguen creciendo y se sabe que cada 40 segundos alguien se suicida en el mundo. En Brasil, cada 42 minutos sucede esto. Un total de 800.000 casos al año se cometen en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha fijado el objetivo de reducir las muertes por suicidio en un 10% para el año 2020. Esto no será fácil, ya que la pandemia de Covid-19 ha contribuido fuertemente al crecimiento de los procesos depresivos.

Cuando creemos en el Creador y que sólo en Él podemos tener el apoyo necesario para nuestras vicisitudes, más allá obviamente de nuestra voluntad, nos sentimos fortalecidos y la fe, aliada a la perseverancia y la resignación, nos lleva al camino del menor dolor, mientras que la revuelta es la puerta del sufrimiento. Rebelarse es agravar todo lo que ya nos molesta y sabemos que esta postura no resuelve nada.

Mientras el ser humano no busque dentro de sí mismo las virtudes de la bondad, como el amor, la caridad, la fraternidad, entre tantas otras, no saldrá de este laberinto de Dédalo que lo aprisionó en la desesperación. Esta reunión con su «yo» es la clave del tesoro dormido al que sólo cada uno de nosotros tiene acceso.

Tabla de contenidos

También puede que te guste
  • Toma conciencia del suicidio y ve cómo prevenirlo
  • Reflexionar sobre la relación entre la depresión y el suicidio
  • Conozca el papel social de la campaña de Septiembre Amarillo

Seamos conscientes de que nuestras luchas externas son fugaces, pero las que están contenidas en nuestro interior son las difíciles, porque es imperativo que renunciemos a los factores que obstaculizan nuestro progreso moral, como el egoísmo, el orgullo y otros sentimientos inferiores que traemos de vidas pasadas.