Una nueva esperanza

El año 2020, que ya ha finalizado, marca la historia de la humanidad de forma llamativa. Año de lo más difícil para todos, ya que la pandemia Covid-19 no perdonó países ni continentes. Todos estamos siendo golpeados de alguna manera. Este proceso está resultando abrumador y ha traído un gran sufrimiento.

La Doctrina de los Espíritus informa sobre estos hechos, que son inherentes a las transformaciones de la humanidad, dando paso al proceso evolutivo que debemos atravesar. Al migrar a un mundo de regeneración, es necesario, a través de sus habitantes, purificar el Orbe.

Creyéndonos infalibles, tomamos los infortunados caminos que nos llevan al dolor en la existencia presente, como si nuestro bagaje tan pesado que heredamos del pasado no fuera suficiente. Esta locura del ser humano lo trastorna y la infelicidad se une al dolor y sufrimiento que lo atormenta.

La ausencia de humildad al reconocer que somos imperfectos y necesitamos cambiar el rumbo de nuestra vida desemboca en las enfermedades del cuerpo y del alma. Nos conducimos de acuerdo a lo que pensamos y no pensamos como deberíamos … Somos la consecuencia de lo que creamos en la mente. Por lo tanto, la semilla enferma solo nos dará frutos amargos. La ley de causa y efecto es parte de nuestra existencia.

En el libro “Transição Planetária”, psicografía de Divaldo Pereira Franco, de Espírito Manoel Philomeno de Miranda, p. 10, tenemos: «(…) De esta manera, las grandes calamidades de uno u otro origen tienen el propósito de invitar a la criatura humana a reflexionar sobre la fugacidad del camino carnal en relación a su inmortalidad». Las transformaciones tendrán como objetivo primordial la práctica del bien, quitando lo que no encaja con las energías propias de este proceso. Pero siempre es el momento de cambiar, progresar y escuchar nuestra conciencia.

Cuando nos volvemos pasivos y sordos a esa voz invisible pero sensible, quedamos irremediablemente expuestos al tropiezo del caminar diario. Debemos prestar atención a esa luz interior que brilla a nuestro favor. Estamos dormidos. Carecemos de sensibilidad para resonar con el grito de alerta que recibimos. Estamos protegidos y apoyados en todo momento, pero la ayuda solo será efectiva si hay receptividad de los asistidos. Sin su participación, el sublime propósito de la caridad se esfumará.

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¡Año Nuevo vida nueva! La fe es el pilar de la esperanza. ¡Se completan cuando ejercitamos nuestra voluntad y nos motivamos para salir de la inercia! Busquemos lo mejor que tenemos aprovechando en la vida cotidiana la luz que se despertará e irradiará a nuestro alrededor.

(Así también la fe, por sí misma, si no va acompañada de obras, está muerta (Santiago 2:17).