Ya no estamos cansados ​​porque hacemos más cosas, estamos cansados ​​porque estamos enfermos

El cansancio puede tener varias razones, pero a menudo no llegamos al origen real de su causa.

Al contrario de lo que mucha gente piensa, ya no estamos cansados ​​porque hacemos más cosas; de hecho pensamos más y hacemos menos, estamos fatigados y perezosos debido a una disfunción relacionada con la ansiedad. Carecemos de disparadores para iniciar procesos que busquen una conclusión, fantaseamos con metas, pero no hay fuerzas para comenzar.

En nuestro día a día hay muchas situaciones sin resolver, y esto nos genera una carga de la que no sabemos deshacernos.


Hombre sentado en el sofá con expresión de estrés
Andrea Piacquadio / Pexels

Estamos más cansados ​​porque tenemos más asuntos pendientes por resolver. Hay una pandemia, y no está relacionada con virus, bacterias o cualquier otro microorganismo: está relacionada con la mente y no se está adaptando a los cambios bruscos que sufrimos.

Se necesitaron miles de años para llegar a este presente, en el que leíste este texto, pero fueron solo cientos de años, casi nada en nuestra línea de tiempo, para que tuviéramos que adaptarnos a esta nueva realidad tecnológica y social.

El ser humano está eludiendo su identidad genética y, en este momento, sufre las consecuencias de eso.

Le hemos enseñado a nuestro organismo durante miles de años a alcanzar metas predeterminadas más alcanzables. Hoy en día buscamos metas que requieran mucha más energía mental para alcanzarse.

Como resultado de lo que nos proponemos y del nivel que queremos alcanzar, existe una brecha entre la energía y el tiempo que no podemos controlar.

La ansiedad mal utilizada genera una necesidad de logro que supera la realidad del tiempo que se necesitaría para lograr las cosas.

Es como querer algo, tener que tener algo, pero cuando la respuesta no es inmediata, provoca frustración y desánimo. Este desánimo se suma a más desánimo, y juntos revelan la pereza, que en realidad es un cansancio y, a su vez, impide más conquistas, trayendo más desánimo.

Pero el ser humano es ingenioso e, incluso inconscientemente, encuentra vías de escape. A menudo, estos caminos no resultan ser la mejor solución a largo plazo.

Es en este sentido que se buscan atajos para llegar al resultado de forma inmediata, y estos atajos crean una adicción que hace que la persona carezca de fuerzas, dejando así de practicar.


Chica con las manos en la cabeza y expresión de dolor con los ojos cerrados
Andrea Piacquadio / Pexels

La ansiedad mal utilizada genera una necesidad de recompensa inmediata sin necesidad de esfuerzo. Es una adicción y / o necesidad de dopamina, una solicitud para aumentar su producción, ya que no tenemos la misma rutina que en el pasado lejano y estamos sacando de control esta hormona o forzando su producción mediante la introducción de drogas. Por eso hay tantos casos de síndromes, trastornos de ansiedad y depresión.

Si no nos ocupamos de nuestros asuntos pendientes, toda esta ansiedad generalizada, relacionada con la necesidad, la obligación, la voluntad, se traduce en un cansancio que se confunde con la pereza y genera más ansiedad, que es la resolución pendiente. Es un ciclo que puede resultar en un final infeliz.

Incluso a nivel físico, las consecuencias comienzan a aparecer. Este exceso de ansiedad sobrecarga el organismo con hormonas del estrés, como el cortisol, por ejemplo. El cortisol es un regulador del estrés, ya que es la hormona encargada de mantener nuestra inmunidad y eliminar lo malo de nuestro organismo.

Este esfuerzo constante para combatir el estrés requiere un gasto de energía que conduce a la fatiga, ya que el cuerpo carece de energía. El estrés constante conduce a la fatiga crónica. La ansiedad sobrecarga el cuerpo, provocando agotamiento. La fatiga es diferente a la pereza; la fatiga es un estado de indisposición personal constante relacionado con una disfunción, mientras que la pereza es un estado de indisposición inmediata.


Mujer con rostro apoyado en un puente de madera con expresión triste
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La mejor medicina para combatir esta enfermedad, que llevará a muchos a la muerte prematura, son los hábitos, que van desde la alimentación hasta la rutina programada a través de una organización. En este texto hablé de usar la ansiedad a favor. Es parte de nuestra vida, nuestro instinto de supervivencia. Podemos utilizarlo a la hora de organizar nuestras vidas, establecer metas, y alienta y promueve la acción para lograrlas. La armonía de nuestro organismo también depende de nuestros hábitos, desde la microbiota intestinal hasta la producción de hormonas y neurotransmisores que nos aportan bienestar.

Ocupe la mente con tareas domésticas, como ejercicio físico, metas alcanzables, ocio, interacción con otras personas, organización de su día y semana de una manera que brinde mayor comodidad emocional. Utilice su inteligencia, conciencia y sus conocimientos para actuar de una manera que evite el daño mental debido a disfunciones. Es bueno mirar al pasado y comprender nuestra historia, para que podamos actuar de manera compensatoria, sin rastros de fallas que eludan nuestra trayectoria, ya determinada en nuestro código genético.

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Hay una brecha que tenemos que corregir. Tenemos que ser plenamente conscientes de quiénes somos y cuáles son nuestras capacidades y ajustar nuestra realidad en consecuencia.

Para llegar a donde estamos, caminamos mucho, caminamos kilómetros diarios, interactuamos, formamos familias y grupos para sobrevivir, convivimos con la naturaleza, plantamos, cazamos, siempre tuvimos metas fáciles y alcanzables que compensaban la ansiedad pendiente. Así es como tenemos que actuar, estamos intentando girar la llave de la evolución mientras la genética y la naturaleza humana requieren miles de años de adaptación.